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Dune

Por Martín Coitinho

Adaptar un libro (o serie de libros) presenta desafíos. La discusión sobre qué tan fiel ser o no al material original es una que nos acompaña desde los comienzos del cine.


En el caso de “Dune”, mucho se ha dicho (como supo pasar con “El señor de los anillos”) acerca de que es un libro “infilmable”. El director Denis Villeneuve intenta conseguir aquello que David Lynch no pudo. Quizás los escépticos tenían razón, porque el resultado no es muy bueno.


Despegarse demasiado de un texto puede resultar alienante para los fanáticos, desvirtuar la historia (o peor, su espíritu), pero pegarse demasiado es desconocer que literatura y cine son artes distintos.


Esta primera entrega de “Dune” peca de fidelidad (digo “primera entrega” ya que la historia que se cuenta claramente no termina, y difícilmente lo que se ve en cines pueda considerarse una película cerrada, sino que es tan solo un primer acto). Aun quienes no leímos el libro podemos ver que hay escenas que llegaron a la pantalla solo porque estaban en el papel. Hay una cantidad de cosas que podrían haberse contado en mucho menos tiempo.


A los 35 minutos de comenzada la película miré el reloj, solo para constatar cuánto tiempo había transcurrido sin que ocurra realmente nada en pantalla. El abuso de la voz en off, los diálogos explicando lo que se ve en pantalla (o aquello que debió verse en vez de narrarse) abundan y aburren.


Sí, visualmente es impactante, pero es el vacío narrativo mismo.


Dos horas y media se pierden entre pontificaciones (a veces los personajes parecen no hablar entre sí, no dialogar, sino que simplemente dicen discursos), escenas de naves llegando a lugares, y visiones de un futuro que (por lo menos en esta película) nunca termina de llegar. Es, como decíamos, un primer acto, una historia inconclusa, que debió ser una primera parte de una película completa, y no durar más de hora y media, como mucho.


Quizás quienes amen el libro puedan sentirse extasiados de ver cada pequeño detalle de esa historia que conocen en pantalla, pero como película, “Dune” falla en contar una historia, en aprovechar lo visual por sobre lo literal, en salir de las redundancias narrativas. Un film inerte, carente de emoción y sin atisbos de una resolución.


Querer ver una segunda parte de esto puede obedecer más a una sensación de falta de completitud que a un deseo de repetir la experiencia. Una lástima.

Publicación original: 09/11/2021