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Anversos y reversos

Por Baltasar Aguilar Fleitas

El Museo del Prado, de Madrid, acaba de inaugurar una exposición muy interesante y original, llamada Reversos.


Es una apuesta destinada a hacernos reflexionar y disfrutar de la totalidad de las obras de arte y no solo de lo que habitualmente vemos acuciados por la costumbre de mirar solo la frontalidad de los cuadros.


Dar vuelta las cosas, como dar vuelta las ideas, los conceptos, creencias y certezas, es una actitud tan infrecuente como fascinante y peligrosa. Mirar lo que habitualmente no vemos suele descubrirnos ese otro mundo, que también nos constituye, que es el mundo de lo “no visto”. Pero ese “no visto” nunca es totalmente ciego o vacío: no lo vemos pero lo imaginamos, nos hacemos siempre una representación de lo que se nos oculta; no importa si esa representación es realista o extravagante, por el contrario, puede ser más rico lo imaginado que lo real. La humanidad, por ejemplo, sufrió una condena enviada no sabemos por cual Dios que ha sido ver, hasta hace unos minutos en tiempos cosmólogicos, solo una cara de su astro más próximo, la Luna. Dar vuelta a la cara visible de la Luna fue un descubrimiento y a la vez, quizás, un fiasco. Es lo que tiene la experiencia humana.


Mirar las cosas por atrás puede ser útil y hasta necesario: la marca está en el orillo, las condiciones del contrato a menudo están al dorso, las fechas de vencimiento casi no se ven…Pero, además de útil puede ser motivo de especulación y asombro: ¿qué pinta ese Velázquez que Velázquez pinta en Las Meninas mostrándonos solo la parte trasera de lo que está pintando? ¿Y si damos vuelta el cuadro? ¿Y si observamos detenidamente los marcos, remaches, manchas, trasfondos, bosquejos? Todo eso nos dice mucho de la obra de arte.


La exposición del museo del Prado presenta, entre otras curiosidades, anversos y reversos que completan la historia que nos cuentan las imágenes. Por ejemplo, este óleo llamado Monja arrodillada: vemos a una monja orando, aunque su sonrisa pone un signo de interrogación a tal hipótesis. Detrás, en el ángulo superior derecho hay un personaje que parece ser otra monja, que la está mirando atentamente por una ventana. Si damos vuelta el cuadro nos enteramos qué es lo que le interesa tanto a esa mirona: las nalgas desnudas de la monja.


Monja arrodillada es una obra pequeña, 28 x 21 cm. Fue realizada en 1731 por el pintor sueco Martin van Meytens que fue el pintor de la corte imperial de Austria durante buena parte del reinado de María Teresa I y el emperador Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico. ¿Qué tal?…


Algunos consideran que es una obra erótica, otros un golpe irónico a la religión, en fin, eso no importa mucho…

Publicada: 14/11/2023


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