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Creer en D11OS

Actualizado: sep 13

Por Pablo Rivera

Sin haber participado de las 16 ediciones de la Liga Uruguaya disputadas hasta el presente, alternando sus incursiones en el exterior con la máxima competencia local, Leandro García Morales es el jugador nacional más ganador y desequilibrante de la LUB y uno de los más talentosos que haya surgido en nuestro básquet en el nuevo milenio, entendiéndose por talento la sumatoria de sus condiciones naturales, su constancia y dedicación absoluta al entrenamiento, su mentalidad ganadora y un nivel de profesionalismo solo comparable con los atletas que compiten en el máximo nivel del básquet de elite.


Dentro de la camada de jóvenes valores surgida sobre fines de los años 90 y principios del nuevo milenio destacan por sus condiciones, antecedentes y logros personales, Esteban Batista, Martín Osimani, Mauricio Aguiar, Gustavo Barrera, Jayson Granger y más recientemente en el tiempo Bruno Fitipaldo, Mathías Calfani y Luciano Parodi, siendo Leandro dentro de ese privilegiado núcleo el que más ha sobresalido a nivel local e internacional conjuntamente con el histórico pasaje que logró plasmar Batista por la NBA sumado a su trayectoria en el máximo nivel del básquet europeo. Nicolás Mazzarino también ocupa un lugar de primerísimo nivel siendo el único sobreviviente de la generación anterior que se mantiene activo hasta la fecha.


Nacido un 27 de junio de 1980 en Punta Carretas, Leandro García Morales Cordones comienza su recorrido en el mundo del básquet en las divisiones formativas de Biguá, siendo Alejandro Gava el entrenador que comenzó a descubrir, moldear y potenciar sus cualidades. Su partida a los 18 años a EEUU para proseguir sus estudios y su carrera deportiva fue un punto de inflexión en su vida personal y profesional, comenzando su tránsito por el profesionalismo en 2004, donde combina un breve pasaje por Olimpia con su llegada a Italia para defender al Viola Reggio Calabria. Dentro de su palmarés universitario destaca la distinción de Freshman of the Year 2001, compitiendo para Lynn University en la NCAA II.


Dueño de un tiro de 3 puntos marca registrada, en transición, apoyándose en el pique o tras bloqueo, Leandro es mucho más que un tirador privilegiado. Su manejo de balón, sus cortes al canasto, su lectura del pick and roll para asistir la caída del cortinador y su inteligencia y concentración extrema durante el juego, lo han convertido en mucho más que un simple anotador. En tiempos donde la estatura y el físico juegan un rol cada vez más determinante y donde los jugadores que se desempeñan como escoltas en la alta competencia rondan los 2,00 metros, ha sido capa, a pesar de su 1,88 metros, de desarrollar una carrera extraordinaria, adueñándose de marcas individuales en competencias del más alto nivel de exigencia continental, como la Liga de las Américas pese a dar claras ventajas en relación a sus rivales.


Integrante de las selecciones juveniles de Uruguay desde 1995, el devenir del tiempo dio rápido paso a la Selección mayor siendo internacional hasta 2015, momento en el cual decide poner punto final a su carrera, tras haber representado a su país durante 20 años en los que destaca la medalla de bronce obtenida en los Juegos Panamericanos de 2007 en Río de Janeiro, además de los podios logrados en los Sudamericanos de 2003, 2006, 2008 y 2012.


Bicampeón de Liga con Biguá en 2007/08 y 2008/09, una escuadra plagada de talento que obtendría además bajo el mando de Néstor García el Sudamericano de Clubes Campeones en Ecuador, siendo goleador y nombrado jugador más valioso, y la medalla de bronce en Liga de las Américas en el Final Four disputado en Xalapa, México. También bicampeón con Hebraica Macabi en 2015/16 y 2016/17 y campeón con Aguada en 2012/13, Leandro fue 4 veces MVP de temporada regular y finales y no solo es el jugador más ganador en el historial de la LUB sino que registra además la marca de no haber perdido ninguna de las series finales que ha disputado hasta el presente en la máxima competición local.


Dentro de sus múltiples participaciones en Venezuela, México y Puerto Rico sobresalen los títulos logrados con Cocodrilos de Caracas en 2008 y 2010 y Halcones de Xalapa en 2009/10 donde es nombrado jugador más valioso.


El desembarco de Leandro en Aguada sobre mediados de 2012 gracias al golpe de efecto mágico y a la visión estratégica de Flavio Perchman fue, por obvias razones, el acontecimiento más sobresaliente de las últimas décadas en la institución más popular del básquet nacional.


La revolución que generó su llegada tuvo un rápido “retorno” deportivo con la obtención del título de Liga, un logro poco esperado en su primer año en el Club por las condicionantes por las que debió atravesar el equipo en una campaña signada por la irregularidad. Cambio de entrenador mediante, recambio de extranjeros y un clima general de inestabilidad fueron el común denominador hasta el comienzo de la postemporada. Dentro de un plantel que mantenía la columna vertebral del capitán Pablo Morales, Alejandro Muro y Diego González, el arribo de Leandro más las llegadas de Greg Dilligard a poco de iniciado el torneo y de Jeremis Smith próximo al comienzo de playoffs, terminarían de conformar una estructura sólida y experiente, que bajo la conducción de Javier Espíndola, quien llegó para sustituir a Marcelo Capalbo, junto a Diego Losada y la continuidad del Profesor Guillermo Souto, lideraron al equipo a una transformación que culminó con la tan ansiada 8va estrella tras, 36 años de postergaciones que parecían no tener fin. En el recordado J7 de la serie final ante Defensor Sporting y concediendo la ventaja enorme de no contar con Jeremis Smith, Leandro acabaría como máximo anotador con 36 puntos y una marca fantástica e infalible de 25/25 en tiros libres habiendo promediado 25,8 puntos por partido en playoffs.


En 2014 lidera a Aguada a una participación histórica a nivel continental llegando al Final Four de la Liga Sudamericana disputado en Montevideo, obteniendo la medalla de plata tras caer con Uniceub en la final y al Final Four de la Liga de las Américas celebrado en Río alcanzado la presea de bronce tras vencer a Halcones de Xalapa, juego en el cual tras anotar 42 puntos en otra consagratoria actuación, se convierte en el goleador histórico de la máxima competencia del baloncesto a nivel de clubes en las Américas. La rotura de ligamentos cruzados sufrida a mediados de ese año disputando con Capitanes de Arecibo las Finales del BSN de Puerto Rico sería el primer gran obstáculo a vencer, junto con el grave accidente automovilístico que sufriera a fines de enero de 2019 retornando de Argentina luego de culminada su participación con Instituto de Córdoba en la Liga Nacional. En ambas oportunidades y considerando la gravedad de la lesión sufrida en Puerto Rico y de las secuelas físicas del accidente gravísimo retornando al país, se instalaron las dudas lógicas y naturales sobre su retorno a las canchas y sí, de lograrlo, todos volveríamos a ver al Leandro de siempre, pese a las secuelas en su cuerpo y al inexorable paso del tiempo. En ambas oportunidades volvió mejor, más fuerte y decidido, habiendo reincorporado tras la lesión de cruzados el hábito del yoga que ya en tiempos universitarios lo ayudaban a relajarse y recuperarse post partido.


Si el haber dejado atrás la rotura de ligamentos para liderar a Hebraica Macabi al bicampeonato luego de su salida de Aguada no fue prueba suficiente de su asombroso poder de recuperación y superación, su vuelta “a la vida” y al básquet tras nueve meses de inactividad en su segundo ciclo en Aguada, fue la prueba cúlmine del poder de reinventarse de un hombre que “abandonó” al ser humano terrenal para dar lugar al surgimiento de un ser todopoderoso nombrado D11OS que ya había dado las primeras señales de su existencia divina cuando una noche de mayo de 2013 pasó a ser historia viviente y punto de referencia obligada de todos los fieles de la religión más popular del baloncesto nacional.


Hoy, a sus 40 años, todavía la cancha tiene suficiente tiempo y espacio para aguardar nuevas gestas deportivas y para derrotar sobre el límite de la posesión con la infalibilidad de su jump cualquier otro tipo de adversidad que intente interponerse nuevamente con la gloria que ha cimentado su carrera, la gloria de D11OS.


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