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¿Dónde está el cuadro?

Por Baltasar Aguilar Fleitas

Hoy, 6 de junio, se cumplen 424 años del nacimiento de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, conocido como Diego Velázquez, pintor español considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y universal. Nació en Sevilla en 1599 y murió en Madrid en 1660.


Es inevitable asociar a Velázquez con una de sus obras, Las meninas, de modo que la sola mención del pintor sevillano evoca inmediatamente el nombre de esta pintura, lo que es lógico pero a la vez injusto porque no es el único cuadro magistral que produjo Velázquez.


Se dice que Las meninas es la obra más estudiada de la historia del arte, con el propósito de descubrir presuntos secretos y misterios. Fue pintada por Diego Velázquez en 1656, o sea cuatro años antes de morir, en pleno barroco. Es un óleo sobre lienzo, mide 320,5 cm × 281,5 cm y es la estrella del Museo del Prado, Madrid. También se le conoce como La familia de Felipe IV porque, al fin y al cabo es un retrato colectivo, singular y originalísimo, de la familia del monarca.


La palabra “meninas” se refiere al nombre en portugués de las damas de compañía de la infanta.


En la obra se representa el encuentro de la infanta Margarita de Austria y las meninas que le asisten, con el propio Velázquez. El eje para entender esta pintura es imaginarse que todo lo que se ve, se ve desde los ojos de los reyes, Felipe IV y Mariana de Austria, que entran al taller y se reflejan en el espejo situado al fondo. Los reyes estarían entrando junto con nosotros, pero el espejo no nos refleja, ni refleja a ninguno de los personajes que hay dentro del taller, sólo vemos a la pareja real.


Las descripciones de este cuadro habitualmente abundan en señalar los nombres y linajes de los personajes que allí se ven. A mi juicio eso no tiene ninguna importancia. Lo que sí tiene significado es la visión general del cuadro y ver cómo Velázquez se las ingenia para plasmar ese instante para la eternidad. En efecto, muchos estudiosos sostienen que la perfecta captación del momento hace de este cuadro un precursor de la fotografía. Seguramente exageran pero sirve para resaltar el realismo de esta pintura.


El centro de la escena está ocupado por la infanta Margarita de Austria, vestida de forma muy elegante. Está asistida por dos meninas, una a la derecha y otra a la izquierda que le ofrece agua.


A la derecha del cuadro se observa a dos personajes enanos, asistentes de la corte, una mujer y un varón; este pisa a un tranquilo perro que debería estar en actitud de mover la cola al ver entrar a los reyes, pero sin embargo no parece darse por enterado.


Detrás de la menina de la derecha hay un hombre y una mujer conversando; al fondo un señor está en los escalones vestido con una capa negra y lleva un sombrero en su mano; no se sabe si entra o sale del taller del pintor.


Al fondo también está el enigmático espejo del que hablábamos recién. En las paredes hay cuadros de calidad, cuadros dentro del cuadro.


El pintor se incluye en la escena, a la izquierda. Es, entonces, un retrato de la familia real y un autorretrato de Velázquez que aparece mirando la entrada de los reyes tras un lienzo y con la paleta y pincel en sus manos. En la cintura lleva una llave porque además de pintor era ayuda de cámara del Rey. En el pecho luce un emblema que nos informa que Velázquez pertenece a la Orden de Santiago, a la que fuera admitido en 1659, por lo que fue pintado después de terminado el cuadro. ¿Fue Velázquez el que pintó esa cruz en su pecho?


Una sugerencia: aumenten la imagen, de lo contrario se pierden interesantes detalles.


La mitad superior de la pintura está dedicada a la techumbre del lugar, lo que crea una ilusión de espacio. ¿De dónde viene esa luz tenue que envuelve la escena? Entra a través de varias ventanas, situadas en la parte derecha lo que acentúa la sensación de profundidad.


Velázquez, con sus pinceladas espontáneas logra, además, llenar el espacio alrededor de las figuras, envolviendo la escena con algo que nos transmite la sensación de aire. Cuando se le preguntó a Salvador Dalí qué salvaría del Museo del Prado si hubiera un incendio, dijo: «Dalí se llevaría el aire nada menos, y específicamente el aire contenido en Las Meninas de Velázquez, que es el aire de mejor calidad que existe.»


¿Es esto un retrato de la familia real o un autorretrato discreto del pintor? En el siglo XX el filósofo francés Michel Foucault escribió un libro sorprendente y muy citado, llamado Las palabras y las cosas; dedica el primer capítulo a Las meninas y aporta, entre otras y en un entramado conceptual mucho más complejo que el que presento aquí, la idea de que Velázquez se pinta pintando, se pinta en su oficio dejando casi fuera del cuadro a los reyes que deberían ser los protagonistas de la obra.


El realismo que logra Velázquez en este cuadro es espectacular. Se dice que el escritor Théophile Gautier, al visitar el Prado en el siglo XIX y plantarse frente a Las meninas exclamó su famosa frase: «¿Dónde está el cuadro?»

Publicada: 06/06/2023

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