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¿De qué color era Cristo?

Por Baltasar Aguilar Fleitas

Como todos sabemos la Semana Santa es la conmemoración cristiana anual de la pasión de Cristo, es decir, de la entrada a Jerusalén, la última cena, el viacrucis, la muerte y resurrección de Jesús. Comienza el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.


El arte es generoso en cuanto a la representación de la Semana Santa. Cada uno de los episodios que conforman esta historia está profusamente mostrado tanto en pinturas, como en grabados y esculturas.

 

La crucifixión de Cristo es quizás el hecho más frecuentemente plasmado, con enfoques y perspectivas diferentes.

 

La crucifixión de Cristo que mostramos hoy es atípica y poco conocida: se llama Cristo amarillo y es del pintor francés Paul Gauguin.

 

Paul Gauguin (París 1848-Polinesia francesa 1903) fue un pintor postimpresionista, que tuvo una vida agitada que incluyó viajes por varios lugares del mundo, entre ellos Lima, Perú. Y aquí vale hacer una digresión: en la excelente novela El paraíso en la otra esquina, el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa desarrolla alternadamente la vida de dos personajes históricos, Gauguin el pintor, y Flora Tristán, escritora, pensadora y feminista francesa de ascendencia peruana, que era abuela de Gauguin y que luchó por los derechos de las mujeres y la clase trabajadora. La novela comienza en 1803 (con el nacimiento de Flora Tristán) y termina en 1903 (con la muerte de Paul Gauguin). Flora y Gauguin, abuela y nieto, no se conocieron pues el pintor nació cuatro años después de la muerte de su abuela, pero ambos vivieron durante etapas breves en el país andino aunque separados en el tiempo. Con su reconocida maestría, Vargas Llosa cuenta la vida de Tristán en los once capítulos impares y la de su nieto en los once capítulos pares. 

 

Gauguin también estuvo en Panamá, donde trabajó en el canal ("Tengo que cavar desde las cinco y media de la mañana hasta las seis de la tarde bajo el sol de los trópicos y con lluvia todos los días y por la noche me devoran los mosquitos"); también residió en Martinica, pasó una temporada en París con Van Gogh, amistad que terminó con una tormentosa ruptura de relaciones entre ambos que dejó huellas en el arte y el alma de Van Gogh. Luego se va a Tahití, la isla más grande de la Polinesia Francesa donde falleció en 1903, alcoholizado, sifilítico y con una botella de láudano al lado de su cadáver.

 

Ahora fíjense en el cuadro. Gauguin se inspiró en una talla policromada del siglo XVII, en la versión de un escultor local, que encontró en una iglesia de la Bretaña francesa. La figura central es un Cristo amarillo clavado en una cruz marrón. Es un Cristo doliente pero resignado, tiene los ojos cerrados y la cara, inexpresiva.

 

A sus pies hay tres mujeres con un atuendo típico de las campesinas de la Bretaña francesa (o sea, este cuadro fue pintado antes de que Gauguin se fuera a la Polinesia). Toda la escena se desarrolla en medio de un campo que muestra colores fuertes, con predominio de amarillo, marrón y verde. Muy cerca de allí hay otros tres personajes: dos miran a la escena principal y el otro salta una verja. ¿Huye o se apura para llegar a la aparición? ¿O es expresión del continuo deseo de fuga del artista?

 

El Cristo crucificado ¿existe realmente o es una visión provocada por la intensa devoción que tienen estas mujeres bretonas?

 

Gauguin se sintió siempre incomprendido, como Cristo, y ese mismo año se autorretrató con los rasgos faciales de Jesús. Pero ese es otro cuadro.

 

Y ¿qué contestamos a la pregunta del inicio? Pues que Cristo, por más que lo han representado como blanco, no tiene color. Gauguin supo que lo podía pintar del color que quisiera.

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El Cristo amarillo (Le Christ jaune)

1889

Óleo sobre lienzo

92,1 cm x 73,3 cm

Está en Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, Estados Unidos

Publicada: 26/03/2023

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