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Drogas, predicadores frustrados y aspirantes a profeta: necesitamos otra cosa

Actualizado: 19 de dic de 2020

Por Daniel Radio

Las patologías del consumo son una problemática de estos tiempos porque la sociedad contemporánea se rinde ante el altar del consumo. Esto no implica un juicio de valor respecto al hecho de consumir. Y ni siquiera pretende escudriñar en, cuánto hay de trivial en ese incremento del consumo.


A lo mejor sí, esto se relaciona con el creciente desarrollo de una cultura que exacerba lo fugaz de la existencia: desplazamos los libros por las revistas, las revistas por el clic de un mouse, las letras de una novela por las imágenes de una telenovela, que tan solo un rato más tarde vamos a poder, virtualmente, protagonizar interactuando con la pantalla. Corremos, aunque no queramos en un tiempo cada vez más frágil.


Antonio Machado escribía “Hoy es siempre, todavía”. Probablemente por estos días escribiría: “Si hoy es siempre, todavía no me alcanza”


Los Beatles son petróleo. El rock and roll ya era. Podríamos exhibir el esqueleto de Eduardo Mateo en un museo de historia natural. Lo posmoderno se va quedando permanentemente antiguo. Y todos nosotros vamos a estar meciendo el recuerdo de este mismo Foro Académico dentro de unas pocas horas.


Hay un perenne e incandescente agotamiento y una extinción perpetua e instantánea de cualquier cosa que hubiéramos creído valiosa y duradera. Y para peor todo es descartable. Entonces consumimos. Nos consumimos el planeta. Nos consumimos.


Vínculos tóxicos

Pero paralelamente, de alguna manera más o menos clara, más o menos compleja, la sociedad se ha venido transformando progresivamente, en un ámbito generador de vínculos tóxicos: con otras personas, con el juego, con la tecnología, con las sustancias. Pero en todo caso, ni el juego, ni la tecnología, ni las otras personas, ni las sustancias, son el diablo.


Sería más fácil si pudiéramos focalizar todas las responsabilidades sobre un elemento único. Algo diabólico. Algo externo. Algo que nos viene de afuera. Algo de lo que somos completamente inocentes como personas o como comunidad. Algo que en medio de la profundidad de las sombras de la noche nos toma por sorpresa. Sería más fácil, porque entonces podríamos aproximarnos al "problema de las drogas" con una suerte de abordaje quirúrgico: hay que extirpar el mal.


Me temo que la solución no es tan fácil. Hasta ahora -y desde hace por lo menos algunos milenios- no hemos sacado las drogas del menú.


Ni siquiera la "guerra al narcotráfico" con todos esos recursos que podríamos utilizar para la prevención y para el tratamiento, con todo el despliegue policial, militar y económico, con todos sus miles de millones de dólares diarios quemados por el mundo, ni siquiera, ha determinado una disminución de la oferta. Al contrario. Combatimos el comercio, los precios aumentan, el negocio es más rentable, y la disponibilidad es cada vez mayor.


Esto pasa en Uruguay, con las leyes de nuestro país. Y pasa en Chile, en Colombia y en México, con las legislaciones más diversas. No es por ahí.


Tenemos un problema de verdad para resolver y tenemos la permanente tendencia a apelar a soluciones mágicas. Y tenemos los magos.


Porque este es un lugar propicio para la concurrencia de aspirantes a profeta, que algunas veces son meramente voluntaristas, pero otras, además, medran con el sufrimiento de las personas, las instrumentan, se aprovechan de los dolorosos y frustrantes fracasos terapéuticos, promueven soluciones universales –diseñadas a la medida de sus prejuicios- y en general tienen un importante componente autoritario.


Este es un lugar propicio para la concurrencia también de aquellos que creen que ven más allá que el común de los mortales; de los que son proclives a desestimar cualquier logro parcial que les distraiga de su interpretación maniquea de las soluciones. Siempre es todo o nada. Siempre es todo blanco o negro.


Este es un lugar propicio para la concurrencia de aquellos que no pueden controlar su tendencia a utilizar expresiones estigmatizantes y simultáneamente son propensos a ignorar los derechos de los usuarios, o de los pacientes. De aquellos que se apuran a explicar el deterioro físico y psíquico de una persona, a punto de partida del potencial adictivo de una sustancia, minimizando las causas que nos empujan al consumo -a todos los consumos- y particularmente minimizando la etiopatogenia del uso problemático de drogas, que es solo un capítulo del consumo.


Este es un lugar propicio para la concurrencia de aquellos que no tienen ningún reparo en revictimizar a quienes ya bastante tienen con su padecimiento, y que pretenden atribuir las adicciones -en lo que es un esbozo de razonamiento tan elemental como desacertado- a una presunta enfermedad de la voluntad. “Son débiles de voluntad” postulan desde su atalaya de superados, con el mero pretexto paternalista de que “pobrecitos, nadie hace nada por ellos”


Un lugar donde concurren quienes sin ninguna vergüenza postularían que la mejor clínica cardiológica es aquella cuyo jefe orientador es portador de una insuficiencia cardíaca crónica, porque nadie como él sabe y comprende el sufrimiento de quien padece una cardiopatía.


Un lugar para predicadores frustrados. Gente con tiempo libre y facilidad de palabra que se regodea en la promulgación de una dicotomía, tan artificial como improductiva. De la dicotomía entre el reino de los puros por un lado, donde los cuerpos están despojados de injerencias espurias y, del otro lado, el desprecio para quienes tienen una mirada sistemática, no puntual, y la descalificación apocalíptica de los muchos esfuerzos, siempre insuficientes, de todos aquellos que todos los días se ponen el mameluco, o la túnica, y salen a transitar la aventura de un proceso: el proceso salud enfermedad, de nuestro prójimo.


Los usos problemáticos son una patología

Pues bueno, yo creo que necesitamos otra cosa. Cuando los usos de sustancias son problemáticos, constituyen una patología, y como tales deben ser encarados. Y por lo tanto es deseable que las terapéuticas ensayadas tengan evidencia científica que las respalde.


Con la premisa de que los problemas complejos no admiten soluciones fáciles. Con la premisa de que esta es una patología con una alta prevalencia y con un alto índice de fracaso terapéutico. Sabiendo que el trayecto entre los usos problemáticos de drogas, las disfunciones familiares y la exclusión social se recorre por avenidas que se transitan en ambos sentidos.


Tal vez en lugar de exorcizar al demonio, tal vez en lugar de extirpar, en lugar de sacar, deberíamos preguntarnos qué hay que poner.


En lugar de encapsular el problema, de aislarlo, de sacárnoslo de delante de los ojos, tal vez tenemos que abrir los ojos e indagar cuánto análisis se necesita. Cuánta acción promocional. Cuanto aporte técnico multidisciplinario. Cuánto trabajo intersectorial. Cuánto compromiso. Y cuánta inteligencia.


Y por eso convocamos a quienes hoy nos acompañan y jerarquizan esta actividad.


Porque queremos sumar el trabajo y los aprendizajes. Porque además de continuar desarrollando un trabajo que por lo menos permita mitigar esas situaciones desbordantes, desgarrantes y angustiantes para los consumidores problemáticos y para su entorno familiar y social más próximo, además, no estamos dispuestos a despreciar los saberes de la academia.


Y por eso convocamos a quienes hoy nos acompañan y jerarquizan esta actividad.


Para que permanentemente repensemos todos, sin prejuicios, nuestra percepción del tema. O, mejor dicho, de los temas. De las drogas, de las prohibiciones y de las desprohibiciones, de la toxicidad de las sustancias y de la toxicidad de nuestra manera de relacionarnos con las sustancias. Y de nuestra manera de relacionarnos con muchas otras cosas, con las que también podemos generar vínculos tóxicos.


Nota: el texto es la versión completa del discurso del Secretario General de la Junta Nacional de Drogas al inaugurar el Foro Académico “Usos problemáticos de drogas: miradas y abordajes” (10/12/2020). En este link se puede acceder al video completo del Foro. El título y los subtítulos son de la redacción de 25siete.

Publicación original: 12/10/2020

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