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Ecuador, la segunda a la derecha

Por Marco Consolo

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales anticipadas celebradas en Ecuador el pasado domingo, la millonaria “novedad” de Daniel Noboa se impuso con el 52%, frente al 48% de Luisa González, la candidata de la Revolución Ciudadana (RC), cercana al ex presidente Rafael Correa, con una diferencia de 395.000 votos. La participación aumentó ligeramente (82,4%) en comparación con las elecciones de 2021, mientras que disminuyó de casi la mitad el voto nulo, que sin embargo sigue siendo alto (7,75%).


Como se recordará, el actual Presidente, el banquero Guillermo Lasso, había disuelto anticipadamente el Parlamento para evitar un juicio político por corrupción en su contra.


Daniel Noboa es el niño bien de una familia millonaria, enviado a estudiar a Estados Unidos, formado en administración de empresas en la Universidad de Nueva York, ahora empresario acusado de evasión fiscal. Su padre, Álvaro, el hombre más rico del país, que ha hecho de la exportación de banano el pilar del negocio familiar, fue derrotado cinco veces en las elecciones presidenciales. Así que el que ocupe el Palacio de Carondelet será un verdadero pollo de cría del establishment, una de esas ruedas de repuesto que las élites de los países de la región tienen siempre a mano.


Contribuyó a su victoria su esposa Angela Lavinia Albonesi, de padre italiano, infuencer con amplia experiencia en marketing y redes digitales, ex modelo, rubia y de ojos azules, en un país con fuerte presencia de pueblos originarios.


Algunas razones del voto

El nuevo Presidente ha sido una sorpresa en un país polarizado entre el “correismo” y la derecha tradicional, que pasó de ser un candidato marginal antes de la primera vuelta a un candidato a tener en cuenta. Y con sus 35 años, será el presidente más joven de América Latina.


Noboa ha logrado instalar la narrativa del “cambio” y de un proyecto que, en sus palabras, es “joven y nuevo“, aunque parece haber poca novedad. Como ha ocurrido en circunstancias similares en otros países de la región, lo nuevo se parece mucho al viejo continuismo neoliberal.


Los medios masivos de desinformación se volcaron todos a favor de Noboa, prácticamente sin contrapeso. Funcionó su campaña de odio, junto con las acusaciones a Revolución Ciudadana de ser responsable del asesinato del candidato presidencial Villavicencio. El mantra “todo es culpa de Correa” repetido sin cesar, junto con el uso de “infuencers”‘, y la desinformación difundida también a través de las “redes sociales” con algoritmos de odio, calaron en parte de la poblacion.


Por lo tanto, se tratò más un voto anti-Correa que pro-Noboa, mientras dan que pensar los resultados de las regiones más pobres del país donde ganó la derecha, sobre todo en la Sierra central.


Capítulo aparte merecen los pueblos originarios y el “movimiento indígena”, protagonistas de las grandes movilizaciones de los últimos años, cuya división pesó en el resultado. Una parte optó por el “voto nulo ideológico”, reclamando total autonomía de la esfera política. Otra parte negoció puestos de gobierno con Noboa, mientras que otro sector simplemente guardó silencio a la espera de las nuevas elecciones de 2025. Cabe recordar que en las elecciones de 2021, el candidato Yaku Pérez (que en esta ocasiòn se desplomó del 19,3% al 3,9%) fue el abanderado del “voto nulo ideológico” en la segunda vuelta, salvo declarar luego que era “mejor un banquero que una dictadura”, con la clara indicación de votar por Lasso como en efecto hizo parte de su electorado.


Un gobierno de transición

Noboa aún no ha presentado su equipo de gobierno y se encuentra negociando con el resto de candidatos que lo apoyaron en la segunda vuelta. Pero sólo se trata de un gobierno de transición para los próximos meses, ya que la ley electoral fija nuevas elecciones para mayo de 2025, cuando se completaría el mandato del actual presidente, que se va con un 15% de aprobación.


La gobernabilidad no será fácil, dado que en la primera vuelta Revolución Ciudadana obtuvo el 33,6% de los votos, confirmándose como primera fuerza política, con 48 diputados a los que se suman los 6 de la circunscripción exterior. En concreto, la Asamblea Nacional, cuya composición se establece con la votación de la primera vuelta, ve así una mayoría de Revolución Ciudadana con 54 diputados de un total de 137. En segundo lugar se sitúa el Movimiento Construye (28), seguido del tradicional Partido Social Cristiano (14). El partido del ahora Presidente Noboa, Acción Democrática Nacional, es sólo cuarto con 13 escaños, mientras que el partido “indígena” Pachakutik cae bruscamente de 24 a 4.


El nuevo Presidente tendrá que enfrentarse a problemas de urgente complejidad.

En primer lugar, la cuestión de la seguridad, con la pesadilla generalizada de la violencia, que ha crecido desproporcionadamente con una auténtica epidemia de narcotraficantes, bandas locales y enfrentamientos armados diarios. El crimen organizado controla el sistema penitenciario con una sangrienta guerra de bandas. A esto se añade la violencia del narcotráfico internacional, que se mueve como un verdadero Estado paralelo en los territorios, sobre todo en la frontera con Colombia y en la costa del Pacífico.


No menos importante es la violencia política, que también mató a Fernando Villavicencio, candidato presidencial asesinado pocos días antes de la primera vuelta eletoral. Su sicario directo y otros 7 colombianos acusados de complicidad en el asesinato fueron brutalmente eliminados (6 de ellos fueron ahorcados en prisión), antes de que pudieran declarar sobre sus mandantes.


Importante y sensible, por supuesto, es la cuestión del trabajo y el empleo juvenil, eje de las promesas electorales de Noboa (y que explica en parte el apoyo de esta generación), así como la promesa de una pensión mínima de 450 dólares para los jubilados.


La salud es un tema clave, en un país duramente golpeado por la pandemia del Covid19 también debido a la incapacidad del gobierno de Lenin Moreno para hacerle frente. Todavía está fresco el recuerdo de los cadáveres abandonados por decenas en las calles.


La violencia va de la mano del blanqueo del narcocapital y de la corrupción, que se ha extendido como la pólvora hasta las más altas esferas, gracias también a un sistema financiero que es parte activa de la misma.


Y tras la reciente votación del referéndum para impedir la extracción de petróleo en la zona del Parque Yasuní, unos 1.500 millones de dólares dejarán de estar disponibles en el presupuesto estatal.


La Revolución Ciudadana

En los últimos años, la Revolución Ciudadana del ex presidente Rafael Correa ha conseguido sobrevivir y consolidarse como partido, a pesar de la persecución mediática y judicial que obligó al propio Correa y a otros dirigentes a huir al extranjero para evitar la cárcel. Su ex vicepresidente, Jorge Glass, también acusado injustamente, pasó cinco años en prisión en condiciones de grave peligro para su vida.


La traición de Lenin Moreno, que fue elegido Presidente con los votos del correísmo y se dio vuelta a la chaqueta a favor de la derecha más extremista, también tuvo su papel en la división interna del movimiento que originalmente se llamaba Alianza País.


Territorialmente, además de haber elegido varios alcaldes y “prefectos regionales” (empezando por la capital Quito y la región de Pichincha donde se ubica) RC mantiene su fuerza, particularmente en la Costa (Esmeralda, Manabí, Los Ríos y Guayas) y en las regiones amazónicas (Sucumbíos y Orellana), pero no logra crecer significativamente en consensos y alianzas. No cabe duda que esta segunda derrota, luego de la del 2021, deberìa ser objeto de una profunda reflexión.


Hasta aquí el Ecuador mientras que, en el Cono Sur del continente, Argentina irá a las urnas para las presidenciales el próximo 22 de octubre, con un panorama preocupante de una posible victoria de las fuerzas más reaccionarias.


Nota: escrita en Quito, Ecuador, el 16/10/2023 y publicada en Il blog di Marco Consolo.

Publicada: 24/10/2023



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