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El misterio de las puertas

Por Baltasar Aguilar Fleitas

1. El escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984) estuvo en Montevideo entre noviembre y diciembre de 1954 y se alojó en el viejo Hotel Cervantes de la calle Soriano. 


Ese viaje dio lugar a un muy buen cuento de Cortázar que se llama La puerta condenada (1), publicado dos años después, que alude a una puerta que se encontraba escondida detrás de un armario en la habitación 205 del hotel, en la que se quedó el escritor. Al otro lado de esa puerta parecía haber una misteriosa vida cuya naturaleza se pretende desentrañar.


”A Petrone le gustó el Hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el Vapor de la Carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo”. Así comienza el famoso cuento de Julio Cortázar.


Más o menos por la misma época que el autor de Rayuela, se hospedó en Montevideo otro escritor argentino, Adolfo Bioy Casares que escribió un cuento publicado en 1962, donde también en la habitación de al lado ocurren cosas misteriosas aunque de distinto tipo a las que narra Cortázar.


Muchos años después el escritor español Enrique Vila-Matas publicó un libro llamado Montevideo (2), en el que cuenta en tono de ficción su propio viaje a la capital uruguaya que realizó atraído por aquel cuento de Cortázar inspirado en el Cervantes y por tanta atención literaria puesta en ese hotel, en el que se habían hospedado, entre otros, Jorge Luis Borges y Carlos Gardel. Vila-Matas se encontró con una realidad muy distinta, el Hotel Cervantes ya no existía, había sido remodelado y en su lugar estaba el actual Hotel Splendor. No obstante, el escritor español encuentra la pieza 205, y se las ingenia para crear su propia versión de esa “puerta condenada”. La tapa del libro Montevideo de Vila-Matas muestra una imagen en la que se ven tres puertas abiertas que comunican a cuatro ambientes entre sí, aparentemente vacíos.


2. Revisando por estos días información sobre arte me encontré con que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid está realizando una exposición de obras de la artista española Isabel Quintanilla (1938-2017), una de las figuras fundamentales del realismo contemporáneo. Me llamó especialmente la atención un cuadro de esta pintora que deseo compartir con ustedes, que se llama La puerta roja. Inmediatamente me evocó el cuento de Cortázar y todas esas historias alrededor del hotel Cervantes.


En el arte los holandeses inauguraron la representación protagónica de las aberturas, puertas y ventanas y la desarrollaron hasta llegar a una perfección extraordinaria.


La puerta roja de Quintanilla comunica un espacio interior, que es el taller de la propia pintora y su marido Francisco López Hernández, también artista, iluminado artificialmente, con un espacio exterior que es su jardín, presumiblemente durante un atardecer. Es una escena vacía de vida humana, solo nos muestra la construcción, cielo y vegetación. En el interior se destacan los cerrojos (“las dóciles cerraduras” de las que habla Borges en un poema), las bisagras de la puerta y el teléfono allí colgado con su largo cable y un block de notas.


3. Las puertas son objetos comunes sobre los cuales en la vida cotidiana no prestamos mayor atención. Pero hay pocos objetos vulgares que conciten más misterio aunque no nos demos cuenta. En su función de cerrar, abrir y, más aún, entreabrir, las puertas y ventanas dan lugar a pasajes, iluminan, oscurecen, sugieren espacios, ruidos, silencios, conversaciones…siempre hay incógnitas, se abren enigmas en nuestra conciencia. En el arte, por ejemplo, recordemos que en Las Meninas está esa puerta allí en el fondo por la que aparece la figura del aposentador José Nieto, un verdadero “voyeur” de esa misteriosa y extraordinaria escena que pinta Velázquez.


La puerta roja de Isabel Quintanilla no es precisamente una “puerta condenada”, es una puerta que pertenece a la vida íntima de la artista. Pero este cuadro, que es como todo cuadro un espacio abierto, nos invita a pasar a otro espacio, del que solo vemos una parte y del que quisiéramos saber más. Quintanilla parece haber comprendido eso y en otra obra, un dibujo que puede considerarse complementario de este cuadro, muestra lo que se ve saliendo por esa puerta y bordeando la casa por el jardín: una higuera y una escultura de su esposo tirada al lado del muro que separa la casa de las propiedades vecinas. 


Así que la evocación libre de un cuento a partir de un cuadro nos ha llevado a ver y jugar con puertas: puertas en el cuento de Cortázar, puertas intrigantes y disparadoras de literatura en Vila-Matas y puertas en la tapa de su libro, puertas de un viejo hotel, puertas en una calle de Madrid…de Isabel Quintanilla a Cortázar y Bioy y de ahí a Vila-Matas…me gustan estas coincidencias porque el arte es uno.

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La puerta roja

Isabel Quintanilla

1978Óleo sobre tabla. 164 × 108 cm

Colección privada, Alemania

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  1. Leer cuento de Cortázar (es un placer).

  2. Enrique Vila Matas. Montevideo. Editorial Seix Barral. 2022 .

Publicada: 21/05/2024

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