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El misterio del otro

Baltasar Aguilar Fleitas

Se besan apasionadamente. No sabemos quiénes son. Ninguno de los dos sabe quién es el otro. ¿Dónde están? ¿El fondo azul es una pared o es el cielo, están adentro o afuera? Sus rostros están cubiertos por paños húmedos. ¿Por qué están húmedos?


El autor de este cuadro es René Magritte (1898-1967), pintor surrealista belga. Su madre se suicidó tirándose a un río cuando él tenía 13 años. No le vio la cara porque quedó envuelta en sus ropas mojadas. Cuando le preguntaron a Magritte si ese funesto episodio era lo que había querido representar con este cuadro, lo negó. Bien hecho, no hay por qué meterse en los dolorosos trances personales.


Cuando vemos esta obra llamada Los Amantes (1928), nos invade la sorpresa pero no avanzamos mucho más. No interesa, lo importante es sentir el cuadro, el misterio de la obra, lo insólito de lo representado allí. Pero frente a esta pintura también algo se mueve a nivel racional. No puedes pasar indiferente frente a ella (en caso de que pudieras hacerlo, en realidad no podrás verla porque forma parte de una colección privada). Y entonces, además del recuerdo tenebroso del vestido de la madre tapándole la cara en el río, hay otra manera de mirar el cuadro. Quizás forzando una interpretación antojadiza, caprichosa, personal…al fin y al cabo eso es el arte: interpretación, mirar es gozar e interpretar. Una de esas interpretaciones posibles es la siguiente. Hace ya tiempo di con la obra de Emmanuel Lévinas (1906-1995), filósofo lituano-francés de origen judío que fue quizás el más autorizado pensador sobre el otro y la otredad en la historia de la filosofía. Su familia fue exterminada por los nazis pero él sobrevivió. Y se preguntó sobre el otro. Si, el otro…todo el día convivimos con otros y con lo otro. Pero no profundizamos mucho en eso. El otro está siempre ahí, me quiere, me odia, me ayuda, me molesta…El otro, los otros, son mis límites. También el otro es el origen de la moral: la sola presencia del otro me llama a responsabilidad, no lo debo matar ni robar ni discriminar. El infierno son los otros, decía Sartre. Lo que dice Lévinas del otro es fascinante: el otro siempre me excede, nunca lo llegaré a conocer totalmente, el otro se maneja con categorías que guarda celosamente y cuando lo integro a mi mundo, ya no es otro, porque el otro es así, inaccesible, incomprensible. En el amor se pasa uno tratando de cambiar al otro, porque queremos al otro como nosotros lo precisamos. Y lo que logramos es perder al otro. El otro ya dejó de ser otro para ser el otro que queremos y necesitamos. Es una forma de estar enamorados de uno mismo.


Y ¿qué pasa en el cuadro? Hay uno y hay una. El uno es un otro para ella. Ella es una otra para él. Es un beso entre otros, ¿igual que todos los besos? Pero estos son otros sin rostro. Y si se sacaran los velos y resultara que se conocen, ¿dejarían de ser extraños, dejarían de ser otros? ¿Llegarían a conocerse profundamente, llegarían a saber cuál es la mismidad, la yoidad del otro? ¿No será que se han tapado los rostros para preservar la otredad del otro y vivir así un verdadero amor? Muy complicado…


Magritte, el pintor, y Lévinas, el filósofo, fueron contemporáneos durante décadas. ¿Se conocieron? ¿Se vieron o leyeron? No sé. Entonces, ¿por qué juntarlos en este lío? Porque todo tiene que ver con todo. El universo está tejido así, con intersecciones múltiples e invisibles para que todo tenga que ver con todo…En suma, Los amantes muestra el amor entre extraños. Pero si nunca podemos abarcar al otro, ¿no todos los amores son extraños? El cuadro también puede querer expresar un amor pasado y olvidado, o un amor ciego…o un amor prohibido…o amores desdibujados por un sueño…¿no todos los amores son ciegos, prohibidos, o productos de casualidades como lo narra Milán Kundera en La insoportable levedad del ser? Magritte, Lévinas, Kundera…¡qué delirio! Lindos temas para pensarlos de mañana tempranito cuando se va al laburo.


Magritte también es un otro que nos interroga, nos molesta, nos saca del centro como en la pipa que dice abajo “esto no es una pipa” (que es otro cuadro). Magritte es un desquisiador en el verdadero sentido del término, nos saca de quicio, nos desencaja de los goznes…


También puede ocurrir que todo esto sea un sueño. Ojalá fuera un sueño…

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Los amantes

René Magritte, 1928.

Óleo. 54,2 x 73 cm.

Colección privada

Publicada: 10/10/2023

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