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¡Es mármol!

Por Baltasar Aguilar Fleitas

Mañana, 7 de diciembre, es aniversario de nacimiento de uno de los más grandes artistas de la historia, el escultor italiano Gian Lorenzo Bernini (1598-1680).


Creador del estilo barroco en la escultura, sus obras pueden incluirse entre las más hermosas y asombrosas que ha dado el espíritu del hombre.


Bernini nos convence de que tenía en sus manos la posibilidad de transformar el mármol en carne, sentimientos y emociones.

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Maestro de la narración dramática en la escultura fue genial en la representación de los estados sicológicos de los personajes. Sus “Éxtasis” -de Santa Teresa y de la beata Ludovica Albertoni- por ejemplo, nos muestran creíbles y perturbantes orgasmos místicos.


En 1629, Bernini fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro por el papa Urbano VIII y desde entonces hasta su muerte trabajó casi ininterrumpidamente para los Papas. Fue también arquitecto y la columnata que rodea a la Plaza de San Pedro es de su autoría. «Hombre excepcional, artífice sublime, nacido por disposición divina y para que la gloria de Roma ilumine el siglo»: así se refería a Bernini el papa Urbano VIII.


Al igual que Mozart con Salieri un siglo después, la genialidad de Bernini originó rivalidades y envidias. En el caso del escultor italiano hubo disputas y enojos con un arquitecto excepcional, el suizo italiano Francesco Borromini. Ambos competían por los mejores proyectos para Roma y para granjearse la simpatía del papado.


En el día de hoy presentamos El rapto de Perséfone (o Proserpina), una obra de 1622.


El relato que sustenta este conjunto escultórico es hermoso y dramático a la vez y por eso es también cautivante. Plutón (Hades en la mitología griega), rey del inframundo, rapta a Proserpina (Perséfone, en la mitología griega), hija de Júpiter y Ceres. El mito nos cuenta que tras el rapto, Proserpina se vio obligada a vivir con Plutón. Ceres bajó al inframundo en busca de su hija, pues sin ella las flores se negaban a crecer en la tierra. Así fue que llegaron a un acuerdo que sirve de explicación sobre el ciclo de las estaciones. Proserpina debía pasar medio año en el mundo de los muertos, y el otro medio año bajo el sol con su madre. Dicho acuerdo aún tiene vigencia. Por ello, la mitad del año todo florece y la otra mitad llueve por las lágrimas de Ceres esperando a su hija. Queda claro, entonces, que la sucesión de las estaciones no tiene nada que ver con esas supersticiones científicas modernas de movimientos e inclinaciones del eje de la Tierra…Y que la negociación es un arte únicamente humano y terrenal también es falso: tanto los que reinan en el mundo celestial como los que gobiernan el inframundo son capaces de perder parte de los beneficios conquistados con tal de llegar a cierto orden y distribución equitativa de los bienes y los regalos de la fortuna y contribuir, así, a la armonía del Universo.


Observen cómo en su intento por retenerla, Plutón hunde sus dedos en la carne de Proserpina (hagan zoom ahí y no es fácil creer lo que se ve), y también disfruten la imagen de movimiento, torsión, desesperación y resistencia que muestra el conjunto. En fin, nada más por ahora acerca de esta creación genial.


La obra mide 2,95 m, está hecha en mármol y se encuentra en la galería Borghese en Roma.

Publicada: 06/12/2022

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