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Herramientas mentales para entender la pandemia (parte 2)

Por Félix Rígoli

Recientemente escribí un post sobre algunos trucos mentales que pueden ayudar a entender una pandemia que se escapa de mucho de lo que aprendimos en la escuela. Es una pandemia que se escapa de los mecanismos determinísticos a los que estábamos acostumbrados, en los que: 1. A causa B; 2. cuanto más A, se produce más B; y 3. siempre que hay A, hay B. Koch y Pasteur trataron de describir la tuberculosis y otras infecciones con esas herramientas mentales en el siglo XIX y XX, a pesar de que ya en esa época se le notaban muchos defectos a su modelo.

Pero hoy quisiera hablar de herramientas mentales del área de las decisiones políticas, porque creo que la parte bio-epidemiológica está clara, pero la máquina mental de los decisores está engripada (en el sentido mecánico, no viral).


Ya lo dijo Einstein

Sr. Presidente, me da hasta un poco de vergüenza decírselo, por lo tanto, como se que usted es un egresado del British, se la digo en inglés: “Insanity is doing the same thing over and over and expecting different results”. Creo que todos conocen esa regla, sobre la locura de seguir repitiendo las mismas acciones y pensar que esta vez va a ser diferente. Lo de cerrarse a alguna forma de limitar fuertemente el movimiento de la gente y seguir hablando de la libertad responsable, ¿hay alguien que piense que está funcionando? Tiene que moverse, fuerte y rápido. Taparse los oídos y gritar ¡NANANANANA! para no oír las noticias, a esta altura parece más una conducta neurótica infantil frente a un evento insoportable.

Lógicamente que esto es fácil de decir, pero en vez de esto, ¿qué es lo que hay que hacer? Estamos como un pez fuera del agua.


Boqueando pero todavía vivos

Una mini-fábula china dice que estar en una situación desesperada es como un pez fuera del agua. No sabe para dónde saltar para volver al río. Lo que sí sabe muy bien es que tiene que saltar mucho si quiere salvarse. En el caso uruguayo los que están boqueando son los miles de uruguayos con problemas respiratorios y si el gobierno no se mueve enérgicamente, va a tener en su conciencia miles de muertos antes que las vacunas entren en juego. De aquí a junio, a 1000 muertes por mes, Uruguay va a despedir muchos seres queridos que deberían estar aquí en vez de morir boqueando.


La solución que encontró Araraquara, un ciudad de 240 mil habitantes en Brasil, fue cerrar todo por 4 semanas, remedio amargo, que resultó en un 72 % de baja de internaciones y una reducción fuerte de muertes. Lamentablemente Brasil tiene poquísimos ejemplos de ese tipo, pero Uruguay (o algunas ciudades) podrían imitarlos. ¿Por qué esperar? Puede ser que algunos se enfermen pero no se agraven; o se agraven pero no se mueran. Se ve que los que piensan así no leyeron el cuento de Quiroga.


El Muerto, cuento de Horacio Quiroga

Horacio Quiroga nos contó la historia de un trabajador rural que por accidente, cae sobre su facón. Todo el cuento gira sobre un hombre que sabe que ya está muerto, a pesar de que todavía no lo está. Dostoievski también uso ese recurso en El Idiota.


Recientemente Julio Medina, del GACH, expresó algo parecido a Quiroga y Dostoievski con términos técnicos: “ Las personas tienen que entender que cada 100 casos nuevos va a haber 1 fallecido y cada mil van a haber 10. Eso es un piso, puede haber más” O sea, lamentablemente, si hay más contagios, hay más enfermos y algunos esos ya pueden ser contados como muertos. Desgraciadamente cada día se abren unas cuantas tumbas sin nombre ¿Quiénes son los que van a morir? Eso entra en las consideraciones de Sherlock Holmes.


El enigma imposible y la certeza absoluta de Sherlock Holmes

Sherlock, en El Signo de los Cuatro, le aclara a su amigo Watson: “Mientras que cada persona es un enigma absoluto, sumados son una certeza estadística absoluta”. Algo muy parecido a lo que dice Julio Medina: de cada 100, uno se muere, no sabemos quién, ya que ahora también jóvenes y personas sin comorbilidades están entre las que mueren. Por lo tanto, no apostemos a tener suerte y salvarnos, o pretender saber anticipadamente si seremos una de las víctimas, que este misterio no lo resuelve ni Sherlock Holmes.


Vacunarse y esperar, e incluso así cuidarse, ya que no hay remedios precoces contra el COVID-19… ¿O hay?


Dos buenos negocios: los remedios precoces

contra el ataque de cocodrilos y contra el COVID-19

Imaginen que alguien nos ofrezca un remedio que previene contra el ataque de cocodrilos y nos diga que tiene un 90% comprobado de eficacia. La verdad es que estando en Uruguay, la posibilidad de caerse en el estanque de los cocodrilos en Villa Dolores es inclusive mas baja que eso, y por lo tanto concluimos que el remedio es eficaz. En este momento, esa es la situación de los llamados “tratamientos precoces contra el COVID-19”. La propia epidemiología de la enfermedad nos dice que 60 a 70% de los infectados no tienen síntomas y que sólo un 10% tienen la enfermedad grave. Por lo tanto cualquier remedio que tomen es igual de efectivo que el remedio preventivo de los cocodrilos. Por eso proliferan los videos de personas que dicen: yo tomé cloroquina (o un remedio para la sarna, o un té de ruda macho) y no tuve COVID.


Estamos viendo en Brasil, Chile, Uruguay, Estados Unidos, actitudes crecientemente confiadas en que la vacuna va a ser la solución que todos queremos, rápida, ultra efectiva. La vuelta a la normalidad va a estar a la vuelta de la esquina. Este problema de la compensación del riesgo no se refiere solamente a la conducta de las personas, sino al gobierno que puede estar pensando que la vacunación rápida (¡excelente, aplausos!) por si sola le ganará a la rapidez de contagios.


Sr. Presidente, de nuevo escuche a la ciencia: hay muchos uruguayos que todavía pueden infectarse y van a morir. Esa cuenta de los que murieron innecesariamente va a quedar en su cuenta para la historia.


En septiembre de 2020, en un post comentaba que Uruguay ¡hace solamente seis meses! tenía 50 veces menos muertos por habitante por COVID-19 que Brasil. Hoy la distancia es de 4 a1, lo que quiere decir que estamos avanzando y posiblemente seguiremos avanzando para nuestro desastre en forma vertiginosa, por lo menos por dos o tres meses y por lo tanto con varios miles de muertos adicionales, que podrían haberse evitado.


Repito lo de Einstein, ahora en español: Seguir haciendo lo mismo una y otra vez, y esperar resultados diferentes, es una fuerte señal de locura.

Publicación original: 11/04/2021