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La caída más cruel

Por Baltasar Aguilar Fleitas

La caída, la pérdida de la vertical, es un hecho frecuente que puede ser trágico o cómico -o neutro emocionalmente como vemos en un jugador de fútbol o de cualquier otro deporte.


La caída es un agravio a la verticalidad bípeda que nos diferencia en el bosque de las especies.


Pero también es una metáfora potente: se cae en depresión, “cayó enfermo”, se cae en pecado, en un error, “cayó en desgracia”, “cae la economía “, etc.


Como metáfora alude a diversos hechos, fenómenos, actitudes, debilidades, del hombre y la sociedad.


Con metáforas se puede construir una parábola, un breve relato con el fin de transmitir un mensaje que por lo general tiene una finalidad moralizante.


Hablamos de las “caídas”. Pero hay una caída que es seguramente la más cruel: es la caída en grupo, cuando una colectividad cae por seguidismo, por no ver, por no estar atentos sobre cómo van cayendo los otros, por confiar excesivamente en un líder o guía ciego moral o intelectualmente, que él mismo cae y arrastra a los demás. Una caída colectiva en la que nadie es capaz de reconocer su propia ceguera.


Eso es lo que nos cuenta Brueghel el Viejo y quizás esa haya sido su intención. En la pintura se ve a alguien que ya cayó en el río, le sigue uno que está por caer y los que marchan más atrás aún no se han enterado de lo que les pasará.


La obra de arte de esta semana es La parábola de los ciegos, del pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo. Es un óleo sobre tabla pintado en 1568. Se exhibe actualmente en el Museo di Capodimonte, Nápoles, Italia.


La pintura se basa en un dicho de Jesucristo que aparece en los Evangelios. En Mateo 15, versículo 14, dice «Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

Publicada: 17/10/2022



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