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La canasta de picnic arriba del ropero

Actualizado: sep 17

Por Julia Maciel

Cuando me invitaron a escribir este artículo estaba ordenando/vaciando/pseudomarikondeando (1) el cuarto extra de mi apartamento, y tratando de transformarlo en mi escritorio. No tengo ninguna autoridad moral para decirte cómo ordenar ambientes, y una muestra es que mientras fantaseaba con lo que iba a escribir, levanto la vista y veo arriba del ropero una hermosa canasta de picnic.


Yo, el bichito de apartamento más bichito de apartamento y de cemento que se puedan imaginar, que si me dicen de sentarme en el pastito solo pienso en todo el repelente que me tengo que poner, tengo una canasta de picnic de esas que tienen cubiertos, platos y vasos. La compré hace años pensando en transformarla en una camita para lxs gatxs, cosa que nunca sucedió. El tutorial de Pinterest (droga dura si las hay) hacía parecer fácil ponerle patas, almohadón y un gato durmiendo plácidamente arriba. Eso solo ocurre en el universo de Pinterest, donde todo es color pastel y las manualidades se logran terminar sin dejar un enchastre en la mesa del comedor. Pero bueno, sabiendo que solo soy una humilde devoradora de todo lo que tenga que ver con ordenar y con el término de moda: decluttering, voy a compartir algunos piques que me han gustado y parece que funcionan. La idea de decluttering tiene diferentes traducciones y abordajes, pero el que más me gusta a mí es el concepto de despejar, no de vaciar, sino de despejar.


El 1 de enero de 2019 sucumbí, al igual que millones de personas en todo el mundo, al programita nuevo ese que había subido Netflix, “Tidying up with Marie Kondo”. Vimos como esa mujer muy carismática convencía a ocho familias estadounidenses de desprenderse de cosas que habían acumulado y no usaban. El efecto Kondo fue como un huracán, varixs sacamos aunque sea una bolsa de ropa ese mismo día, mientras comíamos las sobras del 31. En algunos países, organizaciones de beneficencia pidieron que no mandaran más donaciones de ropa, juguetes, libros y muebles, porque ya no tenían lugar donde almacenarlas.


Volviendo un poquito al tema, les cuento que a mí el enfoque de la Kondo no me convence del todo. No quiero vaciar todo el ropero, ni todos los armarios de la cocina, ni todos los cajones que tienen miscelánea (2), porque de pensar en guardar todo de vuelta ya me cansé y me aburrí. Además, para mí la onda super minimalista tiene un tufillo snob que no me convence para nada. Por suerte, como parte del huracán Kondo han aparecido varixs especialistas en ordenar/despejar con propuestas similares, y lo que es mejor, con algunas más bajadas a tierra.


Un enfoque que me gustó particularmente es el que propone Dana K. White en su libro “Decluttering at the Speed of Life” (disponible en Scribd, solo en inglés). Dana cuenta sus experiencias a lo largo de muchos años, muchas casas y muchas muchas cosas (muchas nivel: no se acordaba que había tenido una bañera tirada en el patio durante años). Un punto que plantea y con el que varixs nos podemos identificar es: tener muebles u objetos que vamos a usar y seguro van a ser necesarios no ahora, sino en nuestra próxima casa. Para mí no tiene nada de malo tener algo que ahora no luce mucho y está en un rincón de tu casa, pero que no lo sacás porque tiene valor sentimental o porque en su momento te gustó y lo compraste. El tema es que si estorba mucho o hizo que varias veces de madrugada te reventaras el dedo chiquito del pie, capaz no está bueno que sea parte de tu casa ahora, en el presente.


El presente, otro concepto que me gusta como maneja Dana. Tenemos que enfocarnos en la casa en la que estamos viviendo ahora, tratar de hacerla lo más habitable, cómoda y linda que nos sea posible. Debo confesar que mi idea de habitable, cómodo y lindo ha cambiado con el tiempo; antes seguramente miraba un rincón y pensaba en qué mueble quedaría bien ahí, ahora al contrario, creo que cuanto más despejado me gusta más. La moda de ambientes despejados, a pesar de ser una moda, tiene sus ventajas, una de mis preferidas: menos cosas = menos cosas para limpiar. Si llenamos de objetos la casa/apartamento donde vivimos ahora porque pensamos que en la próxima capaz que las vamos a necesitar, vamos a pasar muchos años rodeadxs de desorden imposible de controlar. A mí, ver lugares desordenados, llenos de cosas que no tienen lugar definido me frustra, lo que me lleva a otra idea que plantea Dana y me gustó. Cada cosa debe tener su lugar.


Cada cosa debe tener su lugar, y no, arriba de la mesa del comedor o arriba del sofá no es un lugar (a menos que sean platos o un gato, respectivamente. Bueno, lxs gatxs son dueñxs de todos los lugares, elegí un mal ejemplo, perdón). Por lugar definido generalmente nos referimos a un cajón o a un estante. El punto de equilibrio ideal sería no verlo porque está guardado, pero que sea de fácil acceso, es decir abro una puertita y encuentro “eso” fácilmente.


¿Qué pasa cuando abrimos una puertita? Dana plantea algo que parece obvio pero en los hechos no lo es tanto: cada contenedor (cajón, estante, caja, etc.) tiene una capacidad limitada, y ese límite es una buena referencia para guardar solo lo que podemos mantener ordenado o mejor dicho, presentable. Mi idea no es convertirme en una maniática del orden, sino tratar de mantener mi apartamento sin un colapso de ropa arriba de sillas y cosas arriba de toda superficie plana. Seamos realistas, en el día a día las casas se desordenan por una simple razón: vivimos en esas casas (las de revista están así para la foto nomás, a mí no me jodan), y esto es especialmente cierto en este hermoso 2020, año en que nuestras casas pasaron a ser el centro de operaciones de trabajo, estudio, y toda actividad que se pueda hacer a distancia.


Para terminar, una hermosa imagen de la que creo que no se salva nadie: ropa arriba de una silla. El que tenga todos los respaldos libres, que tire la primera media. Tengo mucha más ropa de la que necesito, y me encanta, y si algún día me ven hablar de mi armario cápsula, hay una explicación sencilla: me hackearon o lo que es lo mismo, alguien de mi confianza maneja mis redes. Esto me lleva al libro “I don’t have a thing to wear” de Judie Taggart y Jackie Walker (disponible en Scribd, solo en inglés). Judie y Jackie proponen analizar por qué tenemos el ropero lleno de ropa pero cada mañana sentimos que no tenemos qué ponernos. Utilizan un sistema de gráficos de torta para explicarlo, que a mí me encantó. Si me invitan de vuelta, otro día les cuento de qué va el sistema y capaz sacamos piques que nos puedan servir para tener qué ponernos.


P.D.1. Nobleza obliga, el sistema de doblado vertical de la Kondo nos ayudó a mejorar muchísimo los cajones, especialmente las remeras del padre humano de lxs felinxs. Uso y recomiendo.


P.D.2. La canasta de picnic se queda. Nunca dije que yo fuera un ejemplo.


  1. No la uses en el scrabble, la vas a pudrir mal.

  2. Marie Kondo define como miscelánea o komono a las cosas varias, si abrimos el cajón de abajo de la tele se entiende clarito (el cargador del nokia 1100, el souvenir del año del hijx adolescente de lxs vecinxs, la entrada a un concierto de hace años, etc.).

Publicación original 15/09/2020

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