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La independencia maldita

Actualizado: oct 25

Por Leonardo Borges.


Uruguay tiene cinco fechas patrias, todas ellas anteriores al nacimiento del país.

En 1826 un diplomático británico fue enviado lejos, muy lejos de su tierra, por temas estrictamente personales. Este sibarita irlandés, tenía amoríos nada menos que con una de las favoritas del rey George IV, Lady Conyngham. De esta forma, el ministro de Relaciones Exteriores de Su Majestad, Lord George Canning, debió mandar al diplomático al rincón más lejano del imperio y así, sin más preámbulos, llegó Lord John Ponsomby al río de la Plata.

La llegada de Ponsomby se dio un año después de los episodios que nos convocan en este artículo, pero son esenciales para entender el nacimiento del Uruguay, un 4 de octubre de 1828, no un 25 de agosto de 1825. O sea, si pretendemos hablar de la independencia del Uruguay, deberíamos centrarnos en otros episodios de nuestra historia y no en la pretendida y grandilocuente fecha que nos convoca.

Para entender esta falacia del almanaque oficial, debemos primero comprender algunos postulados de la malhadada y en su momento necesaria historia oficial.

Cuando hablamos del 25 de agosto, tenemos inicialmente que hacer una disquisición importante. Por un lado, transita la historia oficial y por otro, los hechos. Oficialmente el 25 de agosto es la Declaratoria de la Independencia para el calendario uruguayo, pero los hechos no apuntalan este relato. De hecho, esta fecha patria fue instalada oficialmente a principios del siglo XX, en una negociación política que otorgó por otro lado, el 18 de julio (de 1830), como feriado no laborable también (como Jura de la Constitución). O sea, la negociación entre los partidos fundacionales culminó en tablas y reparto de fechas. Por otro lado, los episodios sucedidos en 1825 responden a una realidad muy diferente y lejana a las balcanizaciones posteriores. Tanto el desembarco de los Treinta y Tres Orientales (que no era 33 ni eran todos orientales), como las tres leyes fundamentales de 1825 y los hechos posteriores, responden a una lógica diferente. La búsqueda en estos casos por parte de los revolucionarios no era la independencia, sino la anexión a las Provincias Unidas. De hecho, aquel 25 de agosto se declararon tres leyes y no una, la ley de independencia, la de unión y la de pabellón. No se puede comprender el episodio, sino se analizan las tres como un todo. El relato, empero, escondió las otras dos leyes en busca de una fecha de nacimiento, normal y natural en aquellos años de construcción nacional. Pero en la actualidad parece un sinsentido, no analizar estas leyes concatenadas. La ley de unión es una de las más importantes y además es el nexo con la revolución antecedente, liderada por Artigas. Para comprender esto, debemos analizar estos hechos desembarazados de preceptos nacionales y divisiones posteriores. Es solo cuestión de leer la ley de unión, “…declara: que su voto general, constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unión con las demás Provincias Argentinas, á que siempre perteneció por los vínculos más sagrado que el mundo conoce (subrayado nuestro). Inclusive la ley de pabellón es meridianamente clara y declara pabellón a la bandera enarbolada hasta el momento en la provincia, “…hasta tanto que, incorporados los Diputados de esta Provincia, a la Soberanía Nacional, se enarbole el reconocido por el de las Unidas del Río de la Plata, a que pertenece” (subrayado nuestro). Por tanto, analizar aquellos sucesos, solo puede hacerse desde una concepción regional, virreinal, y no nacional.

Las conmemoraciones nacionales, siempre son una construcción en mayor o menor medida, pero no debería suceder que esa construcción termine por fagocitar la esencia misma de la historia. Una mentira repetida mil veces, no debería crear una verdad que sirva para justificar falsas premisas. En este caso, el 25 de agosto no es en ningún caso la fecha de la independencia del Uruguay, de hecho, nos habla más del pasado unionista (asido fuertemente del artiguismo como construcción ideológica), que de una supuesta construcción nacional.

Uruguay tiene cinco fechas patrias, todas ellas anteriores al nacimiento del país. Eso da la pauta de las incongruencias de la historia oficial. No me atrevo empero a decir una fecha como la indicada para conmemorar, eso se lo dejaría a los políticos. Pero si hay una fecha que podemos colocar como del nacimiento del Uruguay, es la ya nombrada del 4 de octubre de 1828, el intercambio de las ratificaciones de la convención preliminar (nótese que nunca hubo una convención definitiva) de paz. De hecho, durante algunos años en el siglo XIX se conmemoró esa fecha. La historia oficial no solo fagocitó esta fecha, sino que mandó al ostracismo estos episodios. La historia se construye de memoria, pero también de olvidos, y este es uno de los más ominosos olvidos de nuestra historiografía. Nuestro origen no es heroico, sino que nace de una negociación entre las Provincias Unidas y la monarquía brasileña con Gran Bretaña como convidado de piedra. De esta forma la historiografía oficial borró estos episodios, construyendo la historia a partir de hechos pretendidamente heroicos. Las naciones, al igual que sus integrantes por separado, deberían ser resilientes en este sentido.

Publicación original: 25/08/2020

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