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La semilla es la moneda del futuro

Actualizado: sep 19

25siete sigue indagando en la movida generada por un grupo de personas que se contactan por WhatsApp unidos en la pasión por la huerta.

Viviana Misurraco entrevistó a Javier Silveira.

- ¿Es cierto que todos podemos huertear?

- No solo es todos podemos, sino que todos debemos. Delegar la producción de nuestros alimentos a un tercero y dar dinero a cambio no es la mejor elección en estos tiempos por varias razones. Primero que nada por economía, la tierra es generosa y con poco trabajo podemos alimentarnos, vivir en la ciudad y alimentarse exclusivamente con el producto de nuestra huerta es una utopía muy lejana por diversas razones. No obstante, podemos producir, si nos organizamos bien, lo suficiente como para darle un alivio al bolsillo. La comida es muy cara en Uruguay y la tendencia de precios va en alza todo el tiempo.

Segundo, los cultivos agroindustriales están llenos de agrotóxicos. Nos envenenamos con los vegetales existentes en el mercado, la clase política no toma conciencia y sigue apoyando un modelo de producción obsoleto para los nuevos tiempos. Privilegiar la cantidad en desmedro de la calidad, a cualquier costo, la industria de los agroquímicos nos hace creer que no existe otro modo de producción de alimentos viable y redituable. Estamos en el momento histórico de mayor extranjerización de la tierra y despoblación del campo, la opción es comprar orgánico, pero es caro y hay que hacer total confianza en el productor. Cuando comés lo que plantaste sabés bien que es lo que estás metiendo en tu cuerpo. Además el alimento recién cosechado está repleto de energía vital, cosa difícil de conseguir con lo que se compra en un supermercado debido a la cadena de distribución.

Tercero, la semilla es la moneda del futuro, como lo fue también en el pasado. No se pueden comer los billetes. Mi intuición me indica que urgentemente hay que aprender a plantar y a generar semilla. Son tiempos extraños e impredecibles y no sabemos hacia adónde va la humanidad.

Cuarto, es una actividad reconfortante para el espíritu, el contacto con la tierra es desestresante, terapéutico. Observar la maravilla de los ciclos vitales nos enseña muchas cosas, entre ellas que nuestro tiempo es limitado y que nuestro cuerpo va a volver a nutrir la tierra, pero la vida siempre puede más. Formamos parte de un proceso mucho más grande que lo que nuestra mente puede entender y no lo podemos percibir en todo su esplendor debido a que nuestra conciencia está anclada en la dualidad. El contacto con la tierra nos encamina hacia la unidad y nos ayuda a comprender y situar nuestra conciencia en el aquí y ahora.

- ¿Tú también formas parte de ese grupo, cómo llegaste a él?

- Me preguntaba lo mismo, casi no lo recuerdo, seguramente fue por Facebook o algún otro grupo de WhatsApp donde recibí la invitación para formar parte.

- ¿Siempre plantaste?

- Tuve una experiencia de huerto bastante buena en casa hace unos diez años. Mi hija tendría unos dos años, plantábamos juntos y cosechábamos juntos también. Es una gran experiencia de aprendizaje para los niños. Tuve que desistir debido a los gatos del vecindario que usaban el huerto como baño y porque tuve que mudar mi taller al fondo de casa, pero siempre mantuve mi interés por las plantas, sobre todo las medicinales. Me interesa mucho aprender sobre ellas, son como llaves para determinadas puertas. Nos parece normal que si nos duele la barriga tomamos un té de manzanilla y se nos pasa, pero si lo vemos con detenimiento es algo maravilloso y probablemente diseñado por algo o por alguien. ae cuesta mucho creer que es fruto de la casualidad, para cada patología o deficiencia del ser humano existe una o más plantas capaces de reestablecer el equilibrio perdido, preservar esa información es, o debería ser, nuestro deber y responsabilidad.

- Ahora estás construyendo una huerta en tu azotea.

- Estoy experimentando con un invernadero de dos metros cuadrados. Como trabajo en carpintería y construcción en seco, aproveché los tiempos que me generó la emergencia sanitaria (me quedé sin trabajo de la noche a la mañana como tantas otras personas) y los materiales que tenía en el taller para armar el invernadero, perfilería galvanizada, madera y nylon, plantando en estantes o terrazas, donde tengo planeado usar 600 litros de tierra en tres niveles, 200 en cada nivel y a la vez el techo junta agua de lluvia para poder regar. Aprendizaje puro, ensayo y error, darse la cabeza contra la pared. Igual en estos tiempos la información abunda y solo es cuestión de tener la voluntad de investigar, ahí es fundamental el aporte de la gente del grupo porque entre todos nos vamos pasando información y armando las piezas del rompecabezas.

Tengo pensado, si el experimento funciona, armar dos o tres módulos mas, de forma gradual, y además intentar vender el sistema de invernadero si a alguien le interesa, y ahí la cosa cambia, más trabajo pero también mayor productividad

- ¿Qué "caramelo" te llevaste de esa experiencia del grupo?

- Me alegra saber que existe cantidad de gente en la misma búsqueda, con las mismas inquietudes, yendo en una misma dirección, que comprarte la información sin guardarse nada. El tiempo de ocultar la información por suerte está llegando a su fin, el nuevo tiempo hacia el cual nos dirigimos nos exige compartir todo abiertamente y desde el corazón, poder entender que no hay un "yo" y un "ellos" sino solamente un "nosotros" es una condición totalmente indispensable si tenemos interés verdadero en continuar viviendo en este planeta.

Publicación original 12/08/2020

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