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Negoción

Actualizado: sep 18

Por Ignacio Michelini.

Turf, carreras de caballos. Política de Estado. La trama oculta detrás del “disco y foto”.

El premio hípico, el dinero que reciben los responsables de los caballos (propietario, entrenador, jockey, peón) que al finalizar una carrera culminan en los primeros cuatro lugares, es la base dinamizadora de la actividad, sustenta el desarrollo de un “negocio” sumamente deficitario.


Sabrá a qué me refiero quién tenga o haya sabido tener un “pingo” en su totalidad o “una pata” (un porcentaje), como suele decirse, pues no lo mueve un interés económico ni nada similar sino una gran pasión por los caballos, las carreras y el máximo placer que genera ver al caballo propio cruzar delante, siendo un éxito financiero rotundo lograr empatar los costos.


Para demostrar tal afirmación basta con mirar las cuentas de cada caballo de carrera: las pérdidas superan por amplio margen las ganancias, la ecuación es simple. Cada caballo desde su compra en una media de USD 10.000, considerando caballos de año y medio de vida (comienzan a correr a partir de los dos años), insume costos para su mantenimiento, bajo concepto de alimentación, honorarios del entrenador, veterinario, galopador, peón, capataz, herrero, domador, equipamiento deportivo (mandiles, mantas, vendas, caretas, etc.), entre otros costos operativos, que se estipulan en USD 500 por mes. El único eventual ingreso yace en el premio que el equino obtenga en las pistas, directamente proporcional a su performance. Considerando que no son la mayoría los caballos que llegan a debutar, menos son los entran entre los primeros cinco, menos aun los que ganan una carrera, conforman una grandísima y absoluta minoría los que efectivamente se destacan o sobresalen y por ende “llenan” las cuentas bancarias de sus responsables. Debemos tener en cuenta que, como en cualquier otro deporte, no son muchos los Messi, los Jordan o los Federer, en el mundo del turf los Invasor, las Enable, o en los últimos tiempos el tan popular Ajuste Fiscal (y bueno por cierto, más allá del chiste). En consecuencia, si tenemos en cuenta que el premio que se entrega al ganador en una carrera común oscila en promedio los USD 4.500, las matemáticas hablan por sí solas.


El lector atento podrá traer a la mesa un elemento que no se ha mencionado aún que es el de las apuestas. Respecto a ello, la hípica uruguaya es reconocida a nivel mundial por la transparencia, acatamiento y respeto al marco jurídico en que se desarrolla siendo modelo en el continente y en el mundo en este sentido. De modo tal que se cuenta con la certeza de un sistema que brinda garantías a deportistas, profesionales, propietarios, apostadores y público en general. No estoy seguro de poder decir lo mismo de otros deportes.

Publicación original 07/09/2020

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