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Ni víctimas, ni criminales: trabajadoras sexuales

El nuevo libro de la abogada feminista argentina Marisa Tarantino cuestiona duramente el estereotipo que confunde trata de mujeres con trabajo sexual. Fue presentado por otras tres feministas: la antropóloga Marta Lamas, la jueza Gabriela López Iníguez y la dirigente de las trabajadoras sexuales Georgina Orellano.

A Tarantino, su experiencia como operadora judicial le mostró que “en los lugares donde supuestamente se iba a rescatar víctimas no había mujeres secuestradas, ni encadenadas, ni en situaciones similares. Lo que había eran personas que muchas veces reivindicaban su opción por el trabajo sexual y lidiaban con el estigma como podían”.


En su nuevo libro, producto de una investigación de 5 años, concluye que la política criminal antitrata vigente en Argentina, ha impactado en las trabajadoras sexuales, afectando sobre todo a las mujeres: un resultado contrario al pretendido.


En entrevista a Página12 señaló que diversas investigaciones muestran "aumento de la clandestinidad de los intercambios, reforzamiento del estigma, mayores dificultades en el acceso a derechos básicos, pero sobre todo un aumento de la violencia institucional y un altísimo porcentaje de mujeres criminalizadas a causa de la política criminal antitrata” (...) “Si bien en mis años de trabajo encontré escenarios de trabajo insalubres y de precariedad, lo que constataba era que los operadores judiciales no estábamos haciendo otra cosa que controlar y reprimir formas de organización del sexo comercial, las más precarias, las que se desarrollan en los sectores sociales subalternizados. Hay un desacople entre las narrativas justificantes de la política criminal y la realidad de los casos”, indicó.


La presentación del libro —editado por la editorial Fondo de Cultura Económica— se realizó el pasado 5 de agosto, con la participación de Marta Lamas (antropóloga mexicana y catedrática de la UNAM), María Gabriela López Iñiguez (jueza de cámara del Tribunal Oral en lo Criminal de la Capital Federal), Georgina Orellano (secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) y la autora.


El mito de la nueva esclava sexual como pánico moral

Lamas señaló que se trata de un libro “importantísimo políticamente”, por cuanto “desarma con mucha claridad cómo se ha ido construyendo este mito de la nueva esclava sexual, que ha estado funcionando en nuestra sociedad como un pánico moral”. Agregó que “esta cultura de la victimización ha encontrado en la figura de la nueva esclava sexual, este ícono del sufrimiento humano, ha hecho una equiparación equivocada y perversa de la situación de las vícitmas de trata, que existen, con las demás trabajadoras sexuales”.


Para la académica y feminista mexicana, este “neoabolicionismo” asume que ”todo intercambio sexual por dinero es violencia o es denigratorio para las mujeres”. Criticó que esta “retórica victimizante” no escuche a las mujeres. Finalizó diciendo que “esta equiparación de trabajo sexual y trata está funcionando como un dispositivo disciplinario del capitalismo neoliberal para impedir el libre ejercicio de cientos de miles de mujeres en el continente”.


Otro estigma: el cliente del trabajo sexual

Para la magistrada y docente de Derecho Penal de la UBA López Iñiguez “este libro es un alumbramiento”. Refirió que “el mundo del sexo comercial” al que “los críticos de las posturas que se defienden en el libro parece que no se han acercado ni exhiben interés por conocer, tiene muchas aristas”, que inciden en la postura que se asuma sobre el fenómemo: pro-sexo o neoabolicionismo punitivista. Hizo notar que el postulado de que “siempre y todos los casos, la actividad del sexo comercial implica de por sí explotacion, esclavitud y un estado de vulnerabildad de la víctima, no está presente en otros casos, como ocurre con las `mulas´ del narcotráfico, que reúnen generalmente todos los indicadores de la trata y no son miradas por los operadores judiciales como víctimas, sino como personas adultas que dieron su consentimiento libre para introducirse en su organismo cápsulas a cambio de dinero”.


Apuntó que se ha construido un “modelo de víctima” del trabajo sexual, estereotipada, “se la imagina semidesnuda, encadenada, mal alimentada, brutalmente golpeada, con el documento o el pasaporte retenido, violada en cada encuentro sexual”. Asimismo, “el cliente es imaginado como un macho que tiene la palabra `patriarcado‘ tatuada en un bíceps, bruto, erecto, insensible a la mujer que tiene atada ante sí”. Sin embargo, agregó, que esto no es así, y "tiene una gama de colores mucho más amplia, que no se conoce, porque es razonable que las personas no tengan ganas de andar contando que contratan, junto con el delivery de la pizza de los viernes para ver su película, un delivery tanto o más placentero; son conductas que forman parte de las acciones privadas de los hombres”. Recordó que, por dar un ejemplo ejemplo, que las personas con discapacidad tienen derecho a la sexualidad.


La campaña antitrata sirvió para construir carreras políticas

La dirigente de las trabajadoras sexuales Georgina Orellana dijo que el libro de Tarantino augura “otra época” en la que “se puede hacer críticas” a las consecuencias que tuvo en Argentina la campaña antitrata, con políticas que criminalizaron todos los espacios donde se realiza el trabajo sexual. Indicó que con esas políticas del Estado “seguimos desarrollando nuestro trabajo en condiciones mucho más indignas, con más explotación, más abuso y más vulneración”. Llamó a “dar un giro en las políticas”, “pensando otras alternativas que no tengan nada que ver con Derecho Penal sino con la Obra Social y los derechos jubilatorios”.


Hizo una referencia crítica a “un feminismo institucionalizado donde predomina un discurso abolicionista del trabajo sexual, donde siempre se pone en duda la voluntad, la autonomìa y se cuestionan las distintas formas de organización de las y los trabajadores sexuales”. “Renegamos de la categoría de vícitma, y que otras vengan desde un lugar superior a decirnos lo que nosotras tengamos que hacer con nuestras vidas y a clasificar qué es lo bueno y qué es lo malo”. Finalmente, denunció que la campaña antitrata sirvió para construir muchas carreras políticas”.

Publicación original: 10/08/2021