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Olimpíadas de Invierno: la globalización con características chinas

Actualizado: 21 feb

Por Daniel Barrios

“China esta pronta”. Con estas palabras el presidente Xi Jinping desde la tribuna de honor del estadio nacional de Beijing delante de la llama olímpica -acompañado por al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, decenas de mandatarios, embajadores y representantes de organizaciones internacionales que decidieron ignorar el “boicot diplomático” impulsado por los Estados Unidos- declaró oficialmente la apertura de una nueva edición de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se desarrollaron en la capital de la República Popular del 4 al 20 de febrero.


Con precisión cronométrica a las 8 de la noche hora local (el numero 8 para los chinos representa suerte y prosperidad) Beijing y su estadio símbolo, el Nido de Pájaro como se le conoce por su diseño arquitectónico, se convirtieron en la primer ciudad y la primer instalación en el mundo en organizar y albergar la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Verano (2008) y también de Invierno (2022).


Cuando el Comité Olímpico Internacional (CIO) le adjudicó a Beijing en 2010 la organización de estos Juegos, fueron muchas las críticas dado que China contaba con infraestructuras muy rudimentarias para deportes de invierno, ni la capital (próxima al desierto de Gobi, uno de los lugares más áridos y secos de la Tierra) ni las montañas de sus alrededores contaban con nieve suficiente y. además, apenas una muy pequeña minoría de la población china practicaba alguna de las 15 disciplinas en las que 2.800 atletas en representación de un centenar de naciones, competirán por las 109 medallas de oro en disputa.


China se comprometió a construir infraestructura de más alto nivel, un sistema para transportar los 185 millones de litros de agua para alimentar los 300 cañones que producen la nieve artificial (serán también los primeros Juegos de la historia que se celebran 100% con ese tipo de nieve) y aseguró que para 2022 serían 300 millones los practicantes de ese tipo de deportes. Según datos oficiales, a la fecha de inauguración de los Juegos, son mas de 346 millones los chinos que practican deportes de invierno)


Como también ocurriera en 2008, la dirección artística de la Ceremonia de Apertura estuvo a cargo del celebre y varias veces galardonado cineasta Zhang Yimou, que en un sofisticado sincretismo de tradición y futuro, fusionó el concepto de la estética china y la presentación de los últimos logros tecnológicos, como inteligencia artificial, visión artificial y 5G,, recibiendo los elogios del mundo. El prestigioso medio británico The Guardian lo calificó como "el mayor espectáculo del mundo”.


Dónde estamos y hacia dónde vamos

Los países anfitriones usan las ceremonias de apertura para presentarse al mundo. y por lo general enfatizan su propia historia y logros. Eso fue precisamente lo que hizo China en los Juegos Olímpicos de 2008. El primer y gran acontecimiento ecuménico organizado por la República Popular fue su carta de presentación ante la comunidad internacional.


En los catorce años que separan ambas Olimpíadas, China se ha convertido en la segunda economía del mundo (medida en términos de la paridad de poder adquisitivo, según el Fondo Monetario Internacional, es la primera desde 2014), el mayor productor manufacturero del planeta, líder mundial en robótica e inteligencia artificial y tecnología 5G, el primer socio comercial del mayor numero de países del mundon (entre ellos, de la Union Europea) y en los últimos años ha contribuido en una media del 30% al crecimiento de la economía mundial.


China ya no necesita demostrarle al mundo "quién soy”. En cambio y bajo el lema 'Un mundo, una familia’ -basado en un antiguo refrán chino, que dice "una persona realmente sabia ve a todo el mundo como una familia”- estos Juegos pretenden explicar “dónde estamos y hacia dónde vamos” y ser la expresión del compromiso de China de construir una "comunidad de futuro compartido para la humanidad y alcanzar un desarrollo de beneficio mutuo”, un concepto transformador de las relaciones internacionales lanzado por Xi jJinping en 2015, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU; y que luego se incorporó a los Estatutos del Partido Comunista y, en 2018, al preámbulo de la Constitución de la República Popular China.


Para el gigante asiático “estamos” ante una crisis irreversible del modelo político y económico de globalización neoliberal diseñado por Occidente a partir de la contrarrevolución monetarista de fines de los años 70. Un modelo caracterizado por una constante desregulación de los mercados y privatizaciones a nivel planetario que provocó más de 130 crisis financieras en los últimos 40 años en todos los continentes, entre ellas la gran crisis de 2008 en Estados Unidos y en el mundo, de 2011 en Europa y la pandemia del Covid 19 de 2020 que, como nunca antes, puso al desnudo todas las fragilidades e ineficiencias politico-administrativas y económicas de los países más desarrollados de Occidente en la gestión de la crisis sanitaria más devastadora de los últimos 100 años. “Estamos” ante un agotamiento de la legitimidad económica, política, cultural e ideológica de la globalización hija del “Consenso de Washington".


“Vamos”, según la República Popular, hacia una reconfiguración geopolítica y geoeconómica multipolar del orden mundial -con el consecuente debilitamiento del poder hegemónico de Estados Unidos- ,que niega el darwinismo economico social del modelo neoliberal y lo sustituye por estrategias de inversiones y cooperación al desarrollo de áreas deprimidas, a la estabilización de zonas estratégicas y a una conexión más fluida y eficiente ente las distintas regiones del mundo.


La Nueva Ruta de la Seda y un futuro compartido

Es en este contexto que se entiende el concepto de “futuro compartido para la humanidad” que fundamenta la llamada globalización con características chinas, que contrapone la cooperación a la hipercompetencia, el libre intercambio de bienes y servicios a las auto defensas proteccionistas y autárquicas , el legitimo derecho de cada puedo de elegir su propia forma de gobierno a la injerencia en los asuntos internos de los países, la búsqueda de soluciones consensuadas y pacíficas a la confrontación militar, política e ideológica.


El buque insignia de esta nueva globalización es sin duda la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés), -el más grande proyecto de inversión de la historia destinado a mejorar la interconexión entre regiones, países y continentes- , también conocida como la Nueva Ruta de la Seda, por su objetivo de recomponer y ampliar el espacio de intercambio economico y cultural que desde el siglo II AC vinculó el Imperio Romano y el Imperio Chino e hizo de Eurasia la zona de integración intercontinental más antigua que se conoce.


desde su lanzamiento en 2013 más de 140 países y decenas de organizaciones internacionales han adherido a la BRI (entre ellos Uruguay, primer país del Atlantico sur que se sumó a la propuesta china en 2018), y su impacto en el desarrollo economico en regiones como Asía Central, Asía Meridional, norte de África, Medio oriente, Europa y America Latina, donde ya se han implementado importantes proyectos de inversión en infraestructuras, ha significado un cambio radical en el relacionamiento de China con el resto del mundo y un fortalecimiento de su softpower internacional, o sea el poder de las ideas y de las estrategias alternativas al status quo.


A pesar del interés que ha despertado, muchos se preguntan si la BRI es el instrumento geoestratégico del expansionismo chino o una herramienta geopolítica para confrontarse con Occidente. Otros la comparan con el Plan Marshall, el proyecto liderado por Estados Unidos para la reconstrucción de una Europa destruida por la II Guerra Mundial, y al mismo tiempo, para enfrentar a la ex Union Soviética, en los inicios de la Guerra Fría.


Lo cierto es que la BRI, al neto de la sospechas y los ataques de Estados Unidos- es un proyecto de cooperación internacional y multilateral con el objetivo de aumentar, en cantidad y calidad, la conectividad terrestre, marítima y aérea a nivel intercontinental. Tampoco es un plan de ayuda tradicional a los países más desfavorecidos ni fue concebido para desafiar geopolíticamente a Occidente, como lo demuestran los 19 países de Europa que ya firmaron el protocolo de adhesión. El valor agregado de la BRI, y esto la hace, entre otras, incomparable con el Plan Marshall, es la construcción de las bases materiales para un nuevo sistema multipolar donde ninguna región del mundo quede excluida de sus potenciales beneficios o discriminada por razones ideológicas o políticas.


El 7 de enero, inspeccionando el avance de las obras para los Juegos, Xi Jinping auguró que “quedarán grabados en la historia”. Presumo que más que a lo estrictamente deportivo se refería al objetivo de convertir estos Juegos en el símbolo del nuevo mundo que esta naciendo.

Publicación original: 21/02/2022


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