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Sin tiempo para morir

Por Martín Coitinho

Desde hace años existe lo que podríamos llamar una “teoría unificada de Bond”. La premisa básica sería que todos los James Bond (desde Connery en adelante) son el mismo bond, pero con su historia contada en momentos distintos. No habría contradicción, sino que serían complementarios.


Esta última etapa con Daniel Craig vino a echarla por tierra. El James Bond de Craig no es el mismo de Connery, de Moore, Lazenby, Dalton o Brosnan. Por historia y por personalidad. Si algo tiene de particular y memorable esta más reciente fase, es que Daniel Craig hace SU versión de Bond, distinto de los otros, perfectamente reconocible y único.


“Sin tiempo para morir” cierra el ciclo del actor encarnando el personaje, y trata de hacerlo cerrando el círculo, diciendo que esa es la historia desde que consigue el estatus de “00” (en “Casino Royale”) hasta este final. Una historia cerrada.


No quiere decir esto que lo consiga de manera perfecta. Hay tropezones en el camino: “Quantum of Solace” es una película que fracasa desde la dirección, y “Spectre” está mal concebida. De esta última, “Sin tiempo para morir” hereda ciertos hilos narrativos, que trata de llevar a mejor término, con resultados dispares.


El mayor problema de la última entrega de la era Craig es que en ella conviven dos películas en pugna. Por un lado un Bond clásico, con un villano sacado de la década de los 60 (un Rami Malek mal elegido para el papel, luchando con un personaje mal desarrollado y que es, sin dudas lo peor de la película), y por el otro ese Bond más personal, el que sigue la historia que nació allá en 2006. Ahí “Sin tiempo para morir” se comporta mucho más como una secuela que como una película independiente.


Como puntos altos vemos la actuación de Craig, quizás la mejor de la saga (probablemente él sea, después de Connery, el mejor actor que tuvo que interpretar al personaje), la aparición del personaje de Ana de Armas (demasiado breve, pero marca una presencia innegable), la música y la claridad de la acción. La película está bien filmada, y si bien es muy extensa, no se nota tanto como podría presuponerse.


Asimismo, el elenco de secundarios (conocidos de entregas anteriores y alguno nuevo) están en general muy bien y se percibe una familiaridad y comunidad que son bienvenidos.


Como puntos flojos… ya mencioné a Malek, pero además está Léa Seydoux, con quien Craig debería tener una química que no se ve en pantalla, algunos momentos altamente predecibles (la sutileza no abunda en la película) y algunas decisiones de guion (sobre todo en el tercer acto) francamente incomprensibles.


Ahora bien, es imposible negar que este final de era es de los más sólidos que le hayan tocado a un actor en este papel, y al final del día, queda esa sensación de que lo vamos a extrañar.


No sabemos de qué forma, pero, como dice el mensaje al final de las películas: James Bond regresará.

Publicación original: 05/10/2021