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Sobre héroes y tumbas - Héctor Soto in memoriam

Actualizado: 3 ago

por Hugo Rodríguez

Sentado en la grada del gimnasio de Biguá, mirando incrédulo el enorme chorizo al pan que le había puesto en las manos, me dijo: “¡qué aburrido es el baloncesto de aquí!”. Fue como si Tato López lo hubiera escuchado, porque tras el lapidario diagnóstico, el jugador que vestía la camiseta número 4 empezó a ejecutar su mejor sinfonía. Soto no había terminado de comerse el chorizo y ya estaba de pie —de nuevo incrédulo— sin dejar ver a los de atrás, testigo de una épica remontada de Aguada. Y no se sentó hasta que culminó, con victoria, el segundo y electrizante alargue.


Héctor Soto Izquierdo (Madruga, 01/10/1949 – La Habana, 18/07/2022), para muchos el mejor antropólogo forense de Latinoamérica, tuvo sus ancestros en Guinea, vendidos como esclavos a los latifundistas de la caña de azúcar de esa Cuba española colonial que se prolongó casi hasta el siglo XX. Fue el tercer hijo de un cortador de caña y una costurera.

A sus 9 años se produjo el triunfo de la Revolución y con 25 egresó de la Universidad de La Habana como licenciado en Ciencias Biológicas, para dedicarse de lleno a la Antropología Forense en el Instituto de Medicina Legal. Allí comenzó una carrera profesional, tan marcada por impresionantes logros, como por una total ajenidad al marketing y al autobombo. Prefería enseñar: “Yo empecé en el Instituto en 1975. Todos los días entro por esa puerta. El que quiere aprender y se me acerca siempre encontrará mi apoyo, mi consejo”.


Pero no todos los días de esos 47 años Soto entró “por esa puerta”. Al día siguiente de haber conocido con sus propios ojos la épica deportiva de Aguada y Tato López recibió una comunicación desde su país: debía viajar a Bolivia por dos semanas en una importante misión de búsqueda de los restos de Ernesto Guevara de la Serna (el “Ché”) y sus compañeros. Soto había venido a Montevideo a impartir un inolvidable curso teórico-práctico de Antropología Forense y por unos días se alojó en mi casa. Nos despedimos como Maestro/alumno y como amigos, no sin antes enseñarme a comprar un pantalón de mi talle sin probármelo. No sabíamos que le esperaban 5 años en la selva boliviana, gestando una de las grandes proezas de la historia de la Medicina Legal, en la que es difícil elegir si fue más notable la entrega física de los científicos (en la jerga de moda sería “poner el cuerpo”) o la inteligencia y creatividad que les permitió hacer Ciencia Forense de excelencia en un contexto inédito plagado de adversidades de todo tipo.


Soto ya sabía de sacrificios y proezas. Diez años antes, el presidente de Ecuador León Febres-Cordero le había pedido auxilio a su par cubano Fidel Castro para resolver el caso del violador y estrangulador serial Daniel Camargo, lo que requería ubicar e identificar 73 osamentas de víctimas. Al otro día Soto aterrizaba en Quito. “Ya tú sabes como es nuestro Comandante, él no pregunta si cogiste catarro o si te pasa cualquier otra cosa”, bromeaba. Tras un año de trabajo, regresó a su país con la misión cumplida y el reconocimiento de las familias de las adolescentes asesinadas y de la opinión pública ecuatoriana.


Sería digno de un libro —me consta que ya se está escribiendo— detallar su trabajo en las exhumaciones e identificaciones en África, o en el famoso caso de los hermanos gemelos santiagueños cambiados por error al nacer, o en la identificación de los restos de Simón Bolívar, o de Mariano Martí, padre del héroe nacional cubano, o de otras tantas figuras históricas de su país cuyas muertes ayudó a esclarecer con enorme sabiduría.


La última vez que pisé La Habana fue en 2018, con motivo del Congreso Internacional de Medicina Legal. El evento se abrió en el Palacio de la Convenciones con la intensa voz de una muchacha entonando a capela:


“La muerte con su impecable función de artesana del sol que hace héroes, que hace historias y nos cede un lugar para morir...."

Fue la última vez que lo abracé.


Cuando vuelva a La Habana llegaré hasta el Museo del Insituto de Medicina Legal que guarda las cenizas de mi amigo y Maestro Héctor Soto Izquierdo.

Publicada: 26/07/2022



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