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Todo en todas partes al mismo tiempo

Por Martín Coitinho

El cine es un arte en sí mismo. Parece una obviedad decirlo, pero a veces se siente necesario remarcarlo. También pasa que, cada tanto (quizás con menos frecuencia de la que deseáramos), aparecen películas que nos lo recuerdan.


“Todo en todas partes al mismo tiempo” es de ese tipo de películas. ¿Por qué? Porque tiene una narrativa eminentemente cinematográfica, porque está concebida total y absolutamente como una historia a ser contada en el cine, porque tiene cuanto recurso y juego visual puede tener una película de bajo presupuesto. En épocas de tanques de Hollywood de 200 millones de dólares, la mejor historia del multiverso aparece en una producción de poco más de la décima parte.


No debería ser necesario contarle al lector quién es Michelle Yeoh, que por aquí la conocimos principalmente a partir de James Bond (en “El Mañana Nunca Muere”) y la impresionante “El tigre y el dragón”. Se trata de una actriz consagrada en Hong Kong, con escenas de artes marciales y de acrobacias extremadamente elaboradas y peligrosas en su haber. Una especie de contracara femenina de Jackie Chan. Pero también, últimamente, brillando en papeles más serios como en “Crazy Rich Asians”.

Aquí tiene que interpretar una enormidad de versiones de un mismo personaje, algunas cercanas, algunas disparatadas, y una en particular que recuerda mucho a la imagen que tenemos de la propia Yeoh. Y lo hace, obviamente, con soltura. Ah, y por supuesto que en medio de todo esto, también le toca pegar alguna patada, sería un despropósito si no fuese así.


Está acompañada de un elenco brillante: Ke Huy Quan (el pequeño Short Round en “Indiana Jones y el templo de la perdición”) se luce de una manera inesperada, Jamie Lee Curtis muestra una vez más que es excelente en el manejo de la comedia y Stephanie Hsu (conocida por su papel secundario en “The Marvelous Mrs. Maisel) es toda una revelación.


La historia es casi imposible de explicar, pero debería ser suficiente con decirle al lector que se trata de una de las películas más originales de los últimos años, y que empuja al límite las capacidades narrativas del cine, que tiene humor, drama, peleas de todo tipo (y con todo tipo de artilugios) e incluso una “pelea” final que es absolutamente única. Toda esta locura al servicio de algo muy simple, de una idea básica de ser más humanos, más atentos, cariñosos, demostrativos, abiertos y generosos con los demás.

Esta capacidad de construir un relato complejo para ideas sencillas es un hallazgo, y manejado en su justo equilibrio, logra conmover.


Ojalá existieran más cintas como “Todo en todas partes al mismo tiempo”, pero debe reconocerse que una de sus virtudes es que es una película única y quizás irrepetible.


Excelente.

Publicada: 05/07/2022

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