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Visitar la pobreza

Por Baltasar Aguilar Fleitas

Dicen que la pobreza es tan antigua como la humanidad. Es una condición penosa que impregna de negatividad a todo el ser. Definir y discutir la pobreza solo técnicamente es una actitud negacionista y deshumanizante. Sin embargo, ese enfoque es el que predomina, la medición de la pobreza termina siendo el prisma a través del que se la mira. Ese acotamiento le corta las alas a la vivencia. La pobreza pasa, de esa forma, de los cuerpos y las almas a las tablas y las gráficas. Así se frivoliza y se hace llevadera. Por más escandalosas que sean las cifras, cesa el latido más inaguantable de la culpa: el hecho está identificado, circunscrito, medido…y parece haberse cumplido con la responsabilidad ética que nos llama. No tengo dudas de que en la sociedad moderna la pobreza, que deja huellas imborrables en las personas, se ve predominantemente desde la tribuna narcisista de los expertos en estadística, sin implicancia vivencial. 


Las “campañas electorales” son las épocas más apropiadas para visitar la pobreza. Para visitarla, no para habitarla. La perversidad de la pobreza es que no puede existir sin la riqueza; su tragedia es que quienes la estudian y dicen poder terminar con ella, no son pobres. De los pobres siempre hablan otros porque los pobres carecen de voz.


Todo esto viene a cuento porque de esa pobreza que hiere y deja cicatrices es de lo que nos habla Van Gogh en este cuadro que fue su primera gran obra: “Lo que creo acerca de mi propio trabajo es que la pintura de los campesinos comiendo patatas que hice en Nuenen es, después de todo, lo mejor que he hecho».


Para quienes están familiarizados con la pintura luminosa y amarilla de Vincent Van Gogh les llamará la atención que este es un cuadro oscuro. Sí, lo es, no puede ser de otra manera, porque la pobreza no tiene luz ni alegría.


Comedores de papas fue pintado por Van Gogh en 1885 durante su residencia en Nuenen, Países Bajos, donde se sintió comprometido a representar a los campesinos pobres del lugar, víctimas de una época de auge de la burguesía, revolución tecnológica y expansión imperialista. Ricos nuevos muy ricos, y pobres muy pobres. Van Gogh se empeñó en darle voz a los humildes a través del lienzo.


¿Qué vemos? Es una escena familiar. Hay cinco personas de tres generaciones sentadas alrededor de una mesa. A la derecha los integrantes de mayor edad de la familia se reparten la bebida, probablemente café o simplemente agua; a la izquierda, sus hijos ya comen las papas hervidas, y de espaldas, la nieta. Todos iluminados con una luz tenue de una lámpara de aceite, en una habitación muy humilde y a la hora de la cena: el reloj de pared, quizás el artículo más caro del lugar, marca las siete. 


No es una pintura estrictamente realista, a Van Gogh no le interesa ni contar el número de pobres ni sacarles una foto, quiere traspasar la tentación de sujetarse a la “verdad de los hechos”: pretende mostrarnos, en una familia, lo que es capaz de producir una historia de pobreza. A Van Gogh le importa expresar a los pobres, no tomar distancia. Por eso los campesinos aparecen como caricaturizados, con rostros feos, duros, angulosos y manos huesudas. Agranden la imagen y vean caras y manos. Van Gogh nos quiere decir que la pobreza deja marcas. Sin embargo hay allí un mensaje que rescata a esta gente, el artista los muestra con una dignidad de la que otros carecen: comen papas hervidas con las mismas manos con las que trabajan la tierra que las produce. Tienen ganado el derecho a comer lo que cultivan. Por eso allí todo tiene el color de la tierra.


Vincent Van Gogh lo dice claramente en una carta a su hermano Theo: “He querido poner conscientemente de relieve la idea de que esa gente que, a la luz de la lámpara come patatas sirviéndose del plato con los dedos, trabajó asimismo la tierra en la cual las patatas han crecido; este cuadro, por tanto, evoca el trabajo manual y sugiere que esos campesinos merecen comer lo que honestamente se han ganado. He querido que haga pensar en un modo de vivir muy diferente al nuestro. Así pues, no deseo en lo más mínimo que nadie lo encuentre ni siquiera bonito ni bueno.

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Comedores de papas (Aardappeleters)

Vincent Van Gogh

1885

Óleo sobre lienzo

114 x 82 cm

Museo Van Gogh, Ámsterdam, Países Bajos

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"Un artista puede ser pastor protestante o capillero, pero algo que no puede faltar es un buen corazón, un corazon que sienta amor por el prójimo."

V. Van Gogh

Publicada: 18/06/2024

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