• 25siete

Yugoslavia, la escuela de baloncesto marcada por la guerra

Por Pablo Rivera


Las guerras yugoslavas o guerra de los Balcanes dieron inicio en junio de 1991, extendiéndose hasta noviembre de 2001. Sus efectos políticos, sociales, económicos, religiosos y culturales devastadores, desencadenaron en la disolución de la ex República Socialista Federativa de Yugoslavia. El baloncesto, deporte insignia de la antigua república balcánica, y su escuela vanguardista dentro de la élite europea, tampoco pudieron escapar a la crueldad de años de enfrentamientos bélicos que representaron un verdadero genocidio para su población, convirtiéndose en el conflicto armado más sangriento desde la II Guerra Mundial hasta nuestros días. La ex república socialista se constituyó luego de culminada la segunda guerra bajo el liderazgo de Josip Broz, militarmente conocido como el mariscal Tito, manteniéndose territorial y políticamente unida hasta el 25 de junio de 1991, momento en que Croacia y Eslovenia declararon su independencia generando un efecto dominó en el resto de las repúblicas yugoslavas.


Las guerras estuvieron enmarcadas en los conflictos étnico-religiosos entre los pueblos que conformaban la antigua Yugoslavia, un Estado-Nación que agrupaba a eslavos de distintas confesiones; serbios ortodoxos, croatas y eslovenos católicos, bosnios suníes y minorías de albaneses y gitanos, para convertirse en una serie de Estados subordinados a la idea supranacional europeísta otanista. Las consecuencias de una década de sangrientos enfrentamientos culminaron con la mayor parte del territorio yugoslavo reducido a la extrema pobreza, una situación económica y social de absoluta inestabilidad, millones de desplazados y un número de víctimas mortales estimado entre 130 y 200 mil personas, no habiendo a la fecha cifras oficiales. Los principales genocidas, como el general serbio Ratko Mladic (el carnicero de los Balcanes) y el serbobosnio Radovan Karadzic, fueron formalmente juzgados y condenados por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial por el Tribunal Internacional de La Haya y muchos de los participantes claves del conflicto fueron acusados por crímenes de guerra.


Al colapso ocurrido en el país, la posterior intervención de la OTAN, tuvo particular incidencia en los horrendos crímenes de guerra y en las campañas de exterminio étnico que resultaron del enfrentamiento entre serbios y croatas a mediados de la década del 90.


La selección de Yugoslavia, fue un equipo de baloncesto que representó a la Federación Yugoslava en las competencias internacionales organizadas por la FIBA (Campeonato Mundial y Eurobasket) y el COI (Juegos Olímpicos) entre 1945 y 1991, siendo conformada por jugadores nacidos en la extinta república balcánica. Considerada la tercera mejor selección de la historia del básquet por el número de medallas obtenidas en Juegos Olímpicos, Mundiales y Europeos, ocupando dicho sitial solo por detrás de Estados Unidos y la ex Unión Soviética, es la selección que más veces obtuvo el Campeonato Mundial masculino. Culminadas las guerras, cada uno de los Estados resultantes del proceso de partición formó su propia selección. Su última participación mundialista fue en 1990 en el torneo celebrado en Argentina, consagrándose campeón tras vencer en la final a la Unión Soviética. El Europeo de 1991 en Roma, marcaría su última presencia en competiciones internacionales, obteniendo el título tras derrotar a Italia en el juego decisivo. La sanción impuesta por la ONU impidió su participación de toda competencia entre 1992 y 1994. Desde 1995 hasta 2003, Yugoslavia continuó compitiendo solo con jugadores nacidos en las repúblicas de Serbia y de Montenegro bajo el nombre de República Federal de Yugoslavia. Retrotraernos varias décadas atrás en el tiempo, nos traslada a un viaje apasionante para todos aquellos amantes del básquet y de la fantástica escuela yugoslava de baloncesto. Jugadores, equipos y selecciones icónicas que han trascendido el paso del tiempo, permanecerán por siempre en la memoria colectiva de los aficionados. Los años 80 y principios de los 90 concentraron lo más sobresaliente de la exYugoslavia, en donde destacaron algunos de los más grandes nombres del básquet europeo y mundial. La enorme figura del Hall of Fame Drazen Petrovic, (The Croatian Mozart), el más grande jugador que Croacia haya dado en su historia, es la síntesis más perfecta del talento y la excelencia de la antigua escuela de los Balcanes. La Jugoplastika de Split (89/90) luego Pop 84 (91), liderada por Toni Kukoc, Dino Radja, Dusko Ivanovic y Velimir Perasovic, ganadora de la Copa de Europa de Clubes en 1989, 1990 y 1991, ha quedado en la historia como uno de los más grandes equipos del baloncesto europeo a nivel de clubes. La selección de Yugoslavia, ganadora de la medalla de plata en los Juegos de Seúl 88, del Eurobasket en 1989 y 1991 y del Mundial 1990 al mando del serbio Dusan Ivkovic, fue para muchos el “equipo soñado” de Europa. Considerada por los especialistas de la época como la única selección que de haberse mantenido unida de no haber mediado la división producida por la guerra, como la única capaz de haberle plantado cara al Dream Team estadounidense en los Juegos de Barcelona en 1992.

En la medida en que se aproximaba el comienzo de la cita olímpica en tierras catalanas, con la atención centrada en la impactante constelación de estrellas de la NBA que por primera vez Estados Unidos enviaba a una justa olímpica, la pregunta instalada aludía a la imbatibilidad del equipo soñado liderado por Jordan, Magic y Bird, y a la ausencia de la Yugoslavia de Petrovic y Divac. Soñar con un choque Estados Unidos Yugoslavia, era dejar volar la imaginación hacia un duelo individual entre Michael Jordan y Drazen Petrovic, Vlade Divac batallando contra David Robinson o Toni Kukoc defendiéndose mutuamente con Scottie Pippen. Ese grupo dueño de un talento inigualable, tenía en la jerarquía y mentalidad ganadora de Petrovic a su máxima figura. Sus inicios en el Sibenka de su ciudad natal, lo vieron con apenas 15 años formar parte del equipo principal, para luego brillar en el Cibona de Zagreb, dónde en su primer temporada lideró al equipo a ganar la Copa de Europa frente al Real Madrid y al año siguiente repetir el título ante el poderoso Zalgiris Kaunas de Arvydas Sabonis. En 1988/89 ficha por el Real Madrid, allí logra la Recopa de Europa en 1989 venciendo en una final histórica tras alargue al Juvecaserta de Oscar Schmidt, anotado 62 puntos contra los 44 del brasileño.

Sus actuaciones descollantes en Europa lo llevan a fichar por los Trail Blazers de Portland en 1989, luego que la franquicia de Oregon pagara al Madrid un millón y medio de dólares por la rescisión de su contrato. Tras su primera incursión en la NBA en la que no logró tener la continuidad deseada, es traspasado en 1991 a los New Jersey Nets donde se destacaría como uno de los mejores escoltas y más grandes tiradores de la Liga. Su vida se vio abruptamente truncada en un trágico accidente automovilístico en Alemania con apenas 28 años. Su camiseta número 3 fue retirada por los Nets en 1993 y en 2002 es nombrado Hall of Fame NBA. Pero Yugoslavia no era solamente Drazen. Vlade Divac fue un pivot absolutamente dominante en la elite del básquet FIBA, lo que le valió luego de su exitoso pasaje por el Partizan de Belgrado y la selección nacional, ser elegido en el draft de 1989 por Los Angeles Lakers con la nada sencilla misión de sustituir al mítico Kareem Abdul-Jabbar, compartiendo equipo junto a Magic Johnson. Con un pasaje en los Hornets de Charlotte y un segundo ciclo en Los Lakers, su mayor destaque se produciría en los Sacramento Kings, junto a figuras como Chris Webber y Jason Williams. En marzo de 2009, los Kings retiraron su dorsal número 21 en reconocimiento a su trayectoria, siendo desde 2015 hasta agosto de este año el gerente general de la franquicia de California. Dueño de marcas extraordinarias en puntos, rebotes y asistencias, que lo ubican en un selecto núcleo junto a figuras como Kareem, Olajuwon, Shaquille O’Neal y Tim Duncan, es inducido al Salón de la Fama en 2010. Toni Kukoc, el alero estrella de la formidable Jugoplastika, sería pieza clave y ganador de tres anillos en el segundo three-peat de los Bulls de Jordan y Pippen.


Tras la disolución y posterior creación de las diferentes repúblicas, desde el Eurobasket 1995 hasta el Mundial 2002, Yugoslava prosiguió compitiendo bajo el nombre de República Federal de Yugoslavia, con una generación tan talentosa como exitosa que se unió al líder de mil batallas Vlade Divac. Nombres de la talla de Dejan Bodiroga, Predrag Danilovic, Zarko Paspalj, Dejan Tomasevic, Sasa Obradovic, Peja Stojakovic, Milos Vujanic y Marko Jaric, lograron consagrarse como campeones de Europa en 1995, 1997 y 2001, obtuvieron la medalla de plata en los Juegos de Atlanta 96 por detrás del segundo y no menos espectacular dream team estadounidense y los Mundiales de 1998 y 2002, instancia en la que vencieron en recordada y polémica final a la generación dorada argentina.


En cuanto a marcas individuales, Kresimir Cosic, campeón olímpico en Moscú 1980, es el jugador con más presencias vistiendo el uniforme de la ex Yugoslavia con 303 partidos disputados, al tiempo que el serbio Drazen Dalipagic es el máximo anotador de la historia de la Selección, habiendo sido uno de los más determinantes jugadores de Europa sobre fines de los 70 y principios de los 80.

La cultura del baloncesto se vio severamente erosionada tras la guerra, con una economía muy deprimida por los efectos del conflicto. La mayoría de los jugadores emigraron y las ligas de España, Grecia, Turquía, Rusia e Italia, comenzaron a prevalecer en Europa. Al día de hoy, pese a que la competencia doméstica dista mucho de los años de esplendor, el baloncesto en los Balcanes no ha muerto y la marca registrada de la escuela yugoslava parece haber trascendido la crueldad devastadora de la guerra. El esloveno Luka Doncic de los Dallas Mavericks y el serbio Nikola Jokic de los Denver Nuggets, son las dos estrellas más rutilantes que brillan en la actualidad en la NBA. A ellos se suman el también esloveno Goran Dragic, los serbios Milos Teodosic, Bogdan Bogdanovic, Nemanja Bjelica, Boban Marjanovic y los croatas Bojan Bogdanovic, Dario Saric, Ante Zizic e Ivica Zubac.


Según el historiador Vjekoslav Perica, el secreto del éxito era tener muchas opciones a la hora de elegir. En la antigua Yugoslavia todos eran blancos, pero había varias diferencias entre los distintos grupos étnicos y, si bien probablemente los mejores jugadores en los años 70 y 80 eran croatas, los mejores entrenadores eran serbios.

La guerra entre compatriotas, el todos contra todos que destruyó de todas las formas posibles a esta nación, sigue dejando graves secuelas. A la fecha y pese al tiempo transcurrido, la convivencia entre los “antiguos enemigos” continúa siendo muy compleja y en las zonas alejadas de las grandes ciudades, los niños bosnios y croatas prácticamente no se relacionan entre sí. Desde la perspectiva del básquet, la división ha provocado que factiblemente nunca más volvamos a ver a una selección como la de Petrovic y Divac, y la gran incógnita que nunca se podrá develar, es sí de haberse mantenida unida, la ex Yugoslavia pudo haberle hecho una real oposición al equipo soñado de Jordan y compañía.

Publicación original: 12/11/2020

  • Facebook Black Round
  • Tumblr Black Round