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El Padre

Por Martín Cointinho


“El Padre” (la película, no el personaje) tenía dos desafíos muy grandes al llegar a su adaptación a la pantalla grande: el primero era presentar un producto realmente cinematográfico. Muchas obras de teatro convertidas en películas, particularmente aquellas que transcurren principal o totalmente en una locación, se vuelven “teatro filmado”. Por más bueno que sea un guion, por más efectivos que sean los actores, ponerles una cámara en frente, no es hacer cine.


El segundo desafío era el no caer en golpes bajos y de efecto. El tema de los adultos mayores, la demencia, el deterioro cognitivo, se presta para mucho de eso. Se presta para actores cayendo en tics, para los lugares comunes, para la emoción fácil, que no necesariamente se gana en base a la construcción de una historia y sus personajes, sino a la simple identificación (que puede ser un arma, pero nunca debe ser la única).


Ambos desafíos son sorteados con solvencia.


Lo cinematográfico está resuelto en cuestiones simples como un cambio de elenco, pero también en travellings de cámara que recorren un mundo (y en este caso un apartamento es un mundo) que se vuelve inquietante en su inestabilidad. Los cambios no tienen que ser grandes para ser enormes. Al final la geografía del apartamento del padre se nos hace familiar aun en un contexto extraño. El trabajo del diseñador Peter Francis es una piedra fundamental. También juegan la edición circular, la iluminación, los pequeños detalles. “El Padre” es puro cine.


Y lo dramático es brillante. Ganadora del Oscar a guion adaptado, admito haber caído a ver “El Padre” sin tener idea de la historia con la que me iba a encontrar, y me alegro de que así haya sido, porque pude sorprenderme totalmente por cada giro de la trama. Florian Zeller adapta su propio guion de teatro al cine junto con Christopher Hampton (guionista adaptador de la enorme “Atonement”) y la historia que cuenta es una de drama, angustia y casi terror. Zeller dijo en algún lado que la película es en inglés (la obra original era en francés, el idioma del director) por Anthony Hopkins, porque la adaptación la hizo para él. Y lo bien que hizo.


Hopkins es magnético. A ver, estamos en 2021 y a nadie va a sorprender que hablemos de la grandeza de Sir Anthony aquí. Pero creo que llegó a otro nivel. Obviamente no se trata de una película para las masas como era “El Silencio de los Inocentes”, pero Anthony (personaje, nombrado en homenaje al actor) es tan merecedor de ser el papel definitivo de la carrera del actor como lo fue Hannibal Lecter. Sí, a ese nivel.


No hay un atisbo de sobreactuación, de artificialidad, de tics. Hay fuerza y vulnerabilidad. Hay ofuscación, frustración, inteligencia, ira, dolor, amor, confusión… Todas las emociones juntas, conviviendo en un personaje tan real que parece salir de la pantalla. Un Oscar merecidísimo, como pocos en tiempos recientes.


Olivia Colman tiene un gran papel, también. No es fácil actuar con un gigante en su momento de mayor rendimiento (¡con ochenta y pico de años!) y brillar. Pero lo consigue. Es una gran actriz que quizás debimos haber descubierto mucho antes. Todo el elenco está muy bien, cada uno aportando a la realidad (o realidades) del protagonista.


En definitiva, “El Padre” es una enorme película, que se hace difícil recomendar porque es dura, difícil, pero que es asimismo imposible no recomendar porque es el regreso al cine que estábamos esperando.


Imperdible.

Publiación original: 03/08/2021