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El pintor de la soledad

Por Baltasar Aguilar Fleitas

Edward Hopper (Nueva York, 1882-1967) fue un pintor norteamericano, autor de numerosas obras muy originales y fácilmente identificables.


Para caracterizar a este artista digamos que así como Frida Kahlo fue la pintora del sufrimiento, Hopper fue el pintor del silencio y la soledad. Sus personajes aparecen solos o, si están en compañía, los muestra aislados, incomunicados. El tema de Hopper es la incomunicación humana. Expresar la incomunicación tiene sus dificultades porque es una vivencia muy profunda. Por eso pinta. “Si pudieras resumirlo en palabras, no habría ninguna razón para pintar”, dice Hopper.


La obra de arte de la semana se llama La autómata (o Automat). Es una pintura al óleo creada en 1927, de 71 cm x 91 cm que está en Des Moines Art Center, en Iowa, Estados Unidos.


El título se refiere al local que aparece en el cuadro, un comercio de venta automática de café sin camareros, típico de los años 20 del siglo pasado en Estados Unidos. Pero quizás también aluda al comportamiento de la mujer. Está allí, bien vestida y maquillada, aparentemente tranquila, haciendo lo que quizás ya es su costumbre en ese momento del día: tomar un café. Hay una silla vacía al otro lado de la mesa, no tiene interlocutores. Su mano derecha está desnuda y lleva un guante en su mano izquierda. Parece ser invierno por la vestimenta que usa.


Las dos filas de luces que se ven arriba no están en el exterior sino que son las luces del local que se reflejan en la ventana. La mujer queda como encerrada en una caja de cristal lo que refuerza su soledad. ¿Hacia dónde va o de dónde viene? ¿Cuál es su biografía? ¿Qué emociones y sentimientos la inundan? ¿Espera a alguien? Los cuadros de Hopper son así, magníficos disparadores de historias.


El arte también desencadena preguntas y desata la imaginación. En ese sentido podríamos pensar en un Hopper actualizado, en un Hopper del siglo XXI. ¿Qué quiero decir? Imagínense por un momento que en la época en que Hopper pintó sus cuadros hubieran existido los teléfonos celulares. ¿Habría cambiado el mensaje? No lo sabemos con certeza pero muy probablemente sus personajes estarían con el celular en las manos pero igualmente solos: esa es la contundente vigencia de Hopper; ese Hopper con celulares representaría muy adecuadamente a la mujer y al hombre actuales que creen estar comunicados pero en realidad están solo conectados por medios electrónicos, vulnerables y desprotegidos como la mujer del cuadro. A no engañarse: nada ha cambiado sustancialmente desde aquella época, con o sin teléfonos móviles, con o sin inter net; el hombre moderno solo experimenta la ilusión de estar comunicado.


En 1995, la revista Time utilizó a Automat como imagen de portada para una historia sobre el estrés y la depresión en el siglo XX.


“Somos soledades en convivencia” como dijo la filósofa española María Zambrano.

Publicada: 15/08/2023

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