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Elige esta aventura

Actualizado: jun 7

Por Inés Nogueiras

Hubo una época de mis lecturas infantiles en que estaba obsesionada con «Elige tu propia aventura». En casa teníamos al menos una decena de libros de esa colección, pero recuerdo con especial cariño —y un poco de ese miedo primitivo de la niñez— la historia de “El misterio de la casa de piedra”. Hace muy poco ese libro fue rescatado de su destino de atrapa-polvo-de-estanterías por las manos de mi sobrino, y volver a verlo circular en nuevas manos me conmovió.


La biografía de nuestras lecturas es tan íntima como fascinante. Miro hacia atrás y veo épocas muy marcadas, verdaderas capas geológicas que me hacen la lectora que soy. Y, sobre todo, si se vive lo suficiente entre libros y se presta un poco de atención, es posible entender que la mayoría de los libros —excepto los muy muy berretas— son historias de «Elige tu propia aventura». Los libros nos abren puertas a mundos tan pequeños o tan grandes como nuestra imaginación.


Hace nueve años comencé un álbum en Facebook —después de todo, soy una tía vieja— con una misión muy concreta: por cada libro que leyera, tenía que rescatar al menos una frase para la posteridad —o hasta que Zuckerberg decida. Con frecuencia repaso ese álbum con el mismo amor y nostalgia con el que miro fotos familiares, sí, aquellas que se imprimían y se pegaban en gruesos volúmenes con páginas laminadas.

Mis lecturas son mi historia, son mi refugio. Son las aventuras que elijo. Una y otra vez. Ante un nuevo Día Nacional del Libro, dejo aquí algunas instantáneas de mi álbum literario:


«—Si puedes ver una cosa completa —dijo—, siempre te parece hermosa. Los planetas, las vidas… Pero de cerca, un mundo es tierra y piedras. Y día a día, la vida es un trabajo duro, te cansas, te pierdes. Necesitas distancia, intervalo. Para ver qué hermosa es la tierra hay que verla como la luna. Para ver qué hermosa es la vida, hay que contemplarla desde la altura de la muerte». Ursula K. Leguin, Los desposeídos

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«Lo que pienso es que en las últimas diez mesas multitudinarias escuché qué hermosa la juventud y qué espantoso es que el tiempo pase, odio cumplir años, qué feo que es cumplir, me siento viejo, me siento vieja, soy viejo, soy vieja, qué desventura la vejez. Y pienso que la única manera de no hacerse viejo es morirse joven. ¿Quieren morirse jóvenes y jactanciosos de tanta enorme fortuna juvenil? Pues háganlo. Mientras tanto, entre los que pretendemos seguir viviendo mientras podamos seguir viviendo estamos quienes sospechamos que estos cristales rotos tienen sentido, y que las arrugas y las pérdidas son inevitables, pero que también es inevitable un pasado cada vez más largo al que recurrir para defender una noción de El Mundo más o menos persistente, para persistir en una noción de La Vida que vaya adquiriendo distintos colores o vueltas de tuerca o sorpresas, para reencontrar alguna clase de razón en estas bolsas con negativos que nos muestran lozanos y con una expresión de orgullo impune». Inés Bortagaray, Cuántas aventuras nos aguardan

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«Yo no sé cómo se faz para decir el amor. Las palabra que me enseñaron, tienen las uña muy larga como para acariciar. Los ruidos que posso te entregar, solo pueden decir que si vos necesitás alguien que te ayude a barrer las tarde, yo puedo ser el soplido de la iscoba». Fabián Severo, Viralata

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«Pienso que las cosas suceden siempre en el mismo orden, incluso las más insólitas, y lo pienso como si lo hiciera en voz alta, de un modo ordenado que requiere la búsqueda de cada palabra. Cuando lavo los platos se me da bien este tipo de reflexiones, basta abrir la canilla para que las ideas inconexas finalmente se ordenen. Es apenas un lapso de iluminación; si cierro la canilla, para tomar nota, las palabras desaparecen». Samantha Schewblin, Siete casas vacías

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«El silencio que dejó resultaba violento pero era un alivio, como llevar una chaqueta de lana que pica en una mañana de frío glacial». Chimamanda Ngozi Adichie, La flor púrpura

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«Hora tras hora veíamos llegar los furgones, descargar su tanda de mujeres y partir vacíos. Los mismos gemidos de las nuevas reclusas, los mismos bramidos y gritos de los guardias. Qué tediosa es la puesta en escena de una tiranía. La trama es siempre la misma». Margaret Atwood, Los testamentos

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«¿Es preciso que el dedo de la muerte se pose en el tumulto de la vida de vez en cuando para que no nos haga pedazos? ¿Estamos conformados de tal manera que diariamente necesitamos minúsculas dosis de muerte para ejercer el oficio de vivir?». Virginia Woolf, Orlando

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«Desde hace mucho tiempo, existe una inmensa secta de imbéciles que oponen sensualidad e inteligencia. Es un círculo vicioso: se privan de placeres para exaltar sus capacidades intelectuales, lo cual solo contribuye a empobrecerles. Se convierten en seres cada vez más estúpidos, y eso les reconforta en su convicción de ser brillantes, ya que no se ha inventado nada mejor que la estupidez para creerse inteligente». Ameliè Nothomb, Metafísica de los tubos

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«Una historia es, en definitiva, una conversación entre quien la narra y quien la escucha, y un narrador solo puede contar hasta donde le llega el oficio y un lector solo puede leer hasta donde lleva escrito en el alma». Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus

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«Si todo el mundo hiciera lo que puede, el mundo sería, con certeza, mejor». José Saramago, El viaje del elefante

Publicación original: 25/05/2021