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Libertad y entropía

Actualizado: sep 19


Por Félix Rígoli.

Carta de São Paulo a los hermanos uruguayos

Queridos hermanos:

La epidemia como cualquier otro desastre mostró los peores defectos en la estructura social. Tiene un impacto muy desigual en diferentes grupos y aparecen todas las reacciones típicas del miedo colectivo (odio, negación, violencia). Pero muestra principalmente la falta que hace una política pública que organice la sociedad. Últimamente tengo la tentación de pensar que a las tantas divisiones contemporáneas, que pasan por izquierda/derecha, racismo/antirracismo, feminismo/patriarcado, se debería agregar la alternativa caos/cohesión, la nueva tendencia de gobernar abandonándose a la entropía. Tengo una cierta nostalgia por los tiempos que me alcanzaba con pensar que la historia era la historia de la lucha de clases.

Les escribo esta carta porque ustedes, en democracia y con muertos por Covid-19, pandillas y abusos policiales contados por decenas y no por decenas de miles, pueden estar desprevenidos de lo que está pasando muy cerca, tan cerca como el coronavirus y las plagas de langostas. Viviendo en el Brasil de Bolsonaro, se puede percibir más claramente las características de algunos gobiernos de esta tercera década que podrían ser llamados, posiblemente con razón, de ultraderecha o de neofascismo, pero que tienen además y centralmente como característica principal el gobernar desgobernando, cancelando activamente cualquier esfuerzo por organizar y cohesionar a la sociedad.

En física se llama entropía a una propiedad de los sistemas que tienen la tendencia a aumentar el desorden de sus partes. Es fácil entender este concepto físico: una quincena sin salir del sofá y comprobamos que el desorden sube rápidamente. En la esfera biológica, la vida es una lucha permanente por aumentar la organización de la materia y cuando se abandona esta lucha (muerte), la desorganización avanza rápidamente. Por algo se dice que hacer de un acuario una sopa de pescado es fácil, pero ¡a ver si puede hacer lo contrario! En ese sentido, estos nuevos gobiernos pro-caos también tienen un contenido pro-muerte, la llamada necropolítica. Que los cementerios de Brasil y Estados Unidos lo digan.

El secreto del éxito aparente de estos gobiernos pro-caos es exactamente dejar actuar al desorden: ¡dejemos a cada uno hacer lo que quiera! ¡Suprimamos la fiscalización sobre el medio ambiente y la deforestación! ¡Cerremos los consejos asesores y los comités de ética! ¡los inspectores de trabajo infantil y de trabajo esclavo sirven solamente para complicar a los empresarios! ¡esos satélites incómodos que sacan fotos de los incendios forestales, apáguenlos, por favor! ¿controles de actividades financieras, para qué? ¡que cada ciudadano compre sus armas y se defienda! ¿los científicos dicen eso? ¿y a mi qué?

Fue sintomático que un periodo presidencial se inaugure con un decreto ilegalizando los radares de velocidad en las rutas y persiguiendo a los inspectores de la Dirección de Medio Ambiente que lo multaron por pescar ilegalmente en Rio de Janeiro. El presidente lo dejó bien claro en una reunión de ministros: el se encargó de “implosionar” la dirección de Metrología porque que estaba poniendo chips de control de velocidad a los camiones y a los taxis. Hoy Brasil tiene productos químicos para uso en la pandemia, que no están aprobados ni en los países de origen de esos productos.

En mayor o menor medida, ese tipo de gobierno que dice “liberar” al individuo, hoy se está imponiendo en muchos países. Solamente que es más fácil de estudiarlo en el Brasil, por su exageración. No es por nada que muchos gobiernos de “derecha” del mundo hacen piruetas para diferenciarse de lo que pasa aquí. Todo hace pensar que el gobierno actual y pasado de Uruguay y muchos otros de derecha e izquierda, de Macron a Vizcarra no tienen esa impronta, ese deseo de hacer volar por los aires los lazos de unión entre los ciudadanos. En lenguaje de tango diríamos: ¡quien sos vos Bolsonaro, que ni Le Pen te quiere!

Tengo la impresión que existe en el mundo una corriente muy fuerte, quizás revolucionaria, que propone la idea de dinamitar el estado, en el sentido de acabar con las viejas estructuras que obligan a la sociedad a trabajar más o menos unida – apenas merece salvarse la parte que mantiene abiertos a los mercados financieros. Parece interesante el uso que hacen los Trumps, Bannons y Bolsonaros de las palabras libertad y liberación. Las usan en un sentido propio, es la libertad de no sentirse responsable por nada. Estos gobiernos neofascistas son, desde una perspectiva muy perversa, gobiernos de liberación. Pero, ¿de qué liberación hablamos? de la liberación de toda y cualquier obligación de solidaridad.

Publicación original 03/08/2020

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