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Presa (y la agonía de las salas de cine)

Por Martín Coitinho

En el 2022 Hollywood está matando a las salas de cine.


Luego de aproximadamente un año y medio de limitación a los exhibidores, sea por estar cerrados, sea por aforos limitados, 2022 iba a ser el año de retorno a la normalidad. Y tuvo momentos así, principalmente a partir del éxito enorme de “Spiderman: sin camino a casa” a finales del año pasado, principios de este año.


Mientras esa película parecía haber demostrado que, si el contenido estaba, el público también (“Si lo construyes, él vendrá”, decía la voz en “Field of Dreams”, con Kevin Costner), Hollywood, un poco por efecto del covid (que limitó la capacidad de filmar películas, sobre todo al comieno de la pandemia), y otro tanto porque se jugaron al streaming…, bueno, Hollywood no cumplió con los exhibidores.


Es alarmante la falta de propuestas interesantes y masivas provenientes del que es el mercado más importante del cine a nivel mundial. Basta una mirada rápida a la cartelera para entender que las películas grandes que hay tienen meses en cartel, y que no hay nada nuevo de gran atractivo comercial para el público.


Disney estrenó algunas de las cosas más interesantes en streaming. Lo hizo con “Turning Red” de Pixar, que estaba originalmente destinada a salas de cine, y en una (en mi opinión muy mala) decisión, la mandó a Disney+. Y algo de eso hizo con “Presa”, producto de Fox (ya hablamos de la actitud de Disney con Fox) a la que mandó en EEUU a Hulu y en América Latina a Star+.


“Presa” es la sorprendente secuela de “Depredador” que no defrauda, única en su clase, ya que el resto de las continuaciones de la ya clásica obra de McTiernan, se han caracterizado por ser, con suertes, mediocres. Mientras aquella original reliquia ochentosa era un ejercicio de testosterona desmedida (ya bastantes chistes se han hecho al respecto), en este caso cuenta con una protagonista femenina.


Ese cambio de perspectiva es fundamental para ofrecer un producto diferente. El otro es el del “setting” (la ubicación temporal y geográfica). Aquí estamos en una Norteamérica del siglo XVIII, en el mundo de los comanches.


Estos dos cambios agregan un punto de vista original, pero también ciertos desafíos, porque si el depredador era prácticamente invencible para los soldados entrenados y armados de la película original, ¿cómo puede ser una pelea siquiera justa en esta película?


El éxito está en jugar con el código ético (sí, lo tiene) del depredador, que caza cazadores, que tiene un método, y la experiencia de caza de los nativos americanos, su conocimiento del terreno, su armonía con este.


Dan Trachtenberg dirige con buena mano la película, dejando disfrutar bastante de las escenas de acción y usando de forma inteligente las perspectivas. Amber Midthunder es Naru, nuestra protagonista, papel que interpreta muy bien, que le sienta muy cómodo y en el que nos transmite mucho, no solo con palabras sino con gestos.


Hay algún que otro efecto no tan perfecto (sobre todo en los animales), esperable en una película que no va directo al cine. Pero más allá de eso, la película se ve como apta para las salas. Una pena que no se haya decidido ir por ese camino.


Si Hollywood en general, y Disney en particular, siguen mandando las pocas cosas buenas que producen para las plataformas e ignorando las salas, las consecuencias pueden ser devastadoras para el disfrute colectivo del cine.


Esperemos que recapaciten.

Publicada: 13/09/2022

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