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Lacalle, Da Silveira y la máquina de hacer humo

Por Edgardo Rubianes

A esta altura no caben dudas que el gobierno ha logrado incorporar una maquinaria mediática muy fluida y eficiente en fabricar humo. A veces el humo es bien negro de modo que impide ver lo que realmente pasa. En otras es blanco, como si finalmente se hubiera laudado una temática relevante. Pero en definitiva todo es humo.


Apenas asumido, el nuevo gobierno definió recortar (Decreto 90/2020) el gasto público en un 15%. Se justificó en el déficit fiscal heredado y en el compromiso electoral de reducir en 900 millones de dólares el costo del Estado. La medida afectaría también la inversión, para ellos definitivamente un gasto, en ciencia y tecnología e innovación (CTI). Los estudiantes del PEDECIBA, al ver súbitamente disminuidas las posibilidades de recibir becas de apoyo para sus estudios de posgrado, fueron los primeros en movilizarse con una carta pública. Pareció que habían logrado tocar la sensibilidad del presidente. Éste a través de un tuit, replicó e informó que los recursos de ese programa académico no serían afectados (primer humo blanco). Cuando se puso foco sobre el monto implicado –menos de 300 mil dólares- fue posible contextualizar la decisión pues el recorte que afectaría a las otras instituciones del sistema de investigación e innovación era decenas de veces superior.


Desde esas instituciones se reclamó coherencia con lo que la pandemia venía demostrando: el papel fundamental que la plataforma científica-tecnológica construida en años previos y los recursos humanos formados estaba teniendo para dar respuesta rápida, eficaz y autóctona al desafío. Finalmente varias de esas instituciones quedaron excluidas del Decreto 90/2020. Poco tiempo después al conocerse la ley de presupuesto las intenciones gubernamentales de meter tijera quedaron de nuevo expuestas. Entre tires y aflojes de legisladores oficialistas y opositores algunas cosas se logaron revertir, pero fue quedando claro que desde el Poder Ejecutivo no se tenía en agenda promover la CTI y posibles disidencias dentro del oficialismo no emergen. Toda similitud con lo vivido en los años 90, bajo gobiernos de acuerdo blanco y colorado, no es casual.


Empezado el año 2021, las intenciones se dirigieron hacia la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) que, creada en 2006, ha venido siendo la institución más activa en promover la CTI a través de variados programas y fondos concursables y que en general había recibido el reconocimiento de todo el espectro político, universitario y empresarial.


El lunes 1 de febrero el presidente y el secretario ejecutivo de la ANII presentaron, como es habitual, el Plan Operativo Anual 2021 ante el CONICYT, en el que dieron a conocer los recortes importantes que ocurrirían en casi todos los programas. La reducción no es solo respecto al año anterior, sino que hay que retrotraerse una década para encontrar que se previera ejecutar un monto tan bajo. Tres días después el Directorio aprobó un reestructura que ipso facto desvinculó al secretario ejecutivo, y a una gerente de larguísima y eficiente trayectoria, lo que se asoció con una columna eficaz de humo (negro): “La ANII se reestructura y dos gerentes que ganaban más que su Presidente, fueron desvinculados”…“significa unos 10 millones de pesos anuales que pueden ser utilizados para becas.” En ese marco de ahorro “el presidente asumirá las tareas del secretario ejecutivo” de modo de hacer más eficiente los procesos internos. La prensa reprodujo los “trascendidos” sin demasiado análisis. Se ignora, por ejemplo, que todas las personas públicas no estatales, y hay más de una veintena, funcionan en derecho privado, por lo que la escala salarial queda influenciada por el mercado. Los cargos gerenciales más alto en todas tienen sueldos superiores al del respectivo presidente de la institución, que está regulado por ley y no pueden ser superiores a los del ministro de referencia. Tampoco se analiza la legalidad de las reestructuras. La fusión de cargos en la ANII es ilegal. Humo negro y mucho, ocultando lo real, el tremendo recorte decidido.

Y si no parecía suficiente, el titular del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), Pablo Da Silveira, del que depende la ANII de acuerdo a lo establecido por la Ley de Urgente Consideración, señaló que “en la ANII hubo un fiesta”, en referencia a las aprobaciones de proyectos de investigación y de empresas, becas, etc. en los últimos años. Humo negro y espeso.


Si al ir trascendiendo el contenido del POA 2021 se venía generando creciente malestar en diversos actores, la afirmación de Da Silveira generó ampliado rechazo y destacados académicos y empresarios innovadores, instituciones universitarias y científicas y, en general, la población más informada y preocupada por estos temas fueron coincidiendo en el cuestionamiento. El humo ya intoxicaba.


Llegamos así al capítulo más reciente de la serie. Visto que se pasó de dosis, el ministro rebobinó e informó que tras recibir ciertos retornos había encomendado al Directorio de la ANII “abrir el presupuesto”. No quedó muy claro el posible resultado de dicha apertura pero un poco de humo gris, llamémosle, no venía mal.


Ayer se conoció el resultado de esa “apertura” en un nuevo acto escénico, en el que sólo faltó la expresión Habemus papam para completar la solemnidad. “La señal de compromiso del gobierno y de las autoridades públicas con el sector” se expresa en un “paquete de nuevas medidas” por un monto total de $ 73.400.000 (unos 1.650.000 dólares), es decir un 12% del total de fondos recortados a la ANII en el POA 2021 respecto a años anteriores. El paquete incorpora recursos y reasigna fondos en la ANII por $ 57.200.000; transfiere $ 7.200.000 al PEDECIBA para complementar becas; e informa que se convoca al Fondo Vaz Ferreira (MEC) para jóvenes investigadores con un monto total de $ 9.000.000. A poco de analizar el paquete queda claro que es puro humo, como no podría ser de otra manera.


Incluir como fondos incrementales montos que surgirían de reasignaciones internas es propio de quien maneja números con fines de confusión. Casi la mitad de los 57 millones de pesos para la ANII provendrían de fondos que estaban en la agencia. O se desvisten otros santos (programas), lo que es lo mismo, o se dilata el inicio de la ejecución de alguno. Pongamos por caso las becas de doctorado a otorgar este año. Una demora de un mes, como viene ocurriendo, significa un 10% de ahorro en la ejecución anual. O tal vez se planteé una reducción mayúscula en los costos de funcionamiento. El monto del ahorro en gestión que se está planteando significa reducir un 16% el gasto respecto al planificado en el POA 2021. ¿Se seguirá desvinculando personal?


La contribución de 340.000 dólares a la ANII desde Presidencia suena a otra fumarola marketinera. O también, podemos pensarlo de un modo un tanto más ácido, el pago institucional anticipado de una corona de flores.


Es humo decir como novedad que el MEC hará una convocatoria del Fondo Vaz Ferreira (FVF). Ese fondo se convoca cada dos años y correspondía hacerlo a inicios de éste. El FVF financia proyectos de bajo monto para jóvenes investigadores. En 2017 se presentaron 140 proyectos y financiaron 43 y en 2019 postularon 112 y financiaron 28. Ahora el Ministro dice que se aportarán $ 9 millones para financiar 30 proyectos, es decir la misma cantidad de proyectos pero con un monto congelado en pesos para cada uno ($ 300.000). El detalle es que en 2019 el dólar estaba a 33 pesos y ahora está a 45 pesos. Humo.


Es humo decir que la UTE aportará 7.700.00 pesos, unos 175 mil dólares, que se destinará a proyectos de investigación e innovación, seguramente en el denominado Fondo Sectorial de Energía (FSE). Ese fondo se creó en 2008 y funcionó hasta 2019 con aportes de un millón de dólares anuales tanto de UTE como de ANCAP. Dichas empresas participan de la definición de la agenda de temas convocados. Durante ese tiempo se financiaron 152 proyectos en energía, de los que finalizó el 90%. El rol que ha jugado el fondo en generar capacidades y producción científico-tecnológicas en el proceso concretado de transformación de la matriz energética nacional es evidente. Durante 2020 se debería haber renovado el acuerdo pero los recortes alcanzaron también a esas empresas públicas. Al final se convocó un magro FSE con un monto total de sólo 450.000 dólares, que cerró esta semana. ¿Esos 170.000 dólares de UTE son parte de ese total o son un aporte incremental real? Sea como fuere, estamos bien lejos de las contribuciones que esas empresas públicas venían haciendo a la investigación nacional. Humo


Es humo el aporte del MEC al TIMBO, se trata de sólo 4.400.000 pesos es decir 100.000 dólares. Y acá no hay dudas que debemos manejarnos en esa moneda pues las suscripciones se pagan en dólares. El TIMBO ha tenido últimamente un presupuesto anual de 2 a 2,5 millones de dólares. El POA 2021 le quitó más de la mitad: ¡lo recortó a 1 millón! La contribución informada del MEC es menos de una décima parte de lo recortado. Humo.


A un año de asumido el nuevo gobierno va quedando claro que la CTI importa poco. Podía preverse analizando algunos de los programas electorales, en particular el del presidente electo, así como escuchando a los voceros responsables de la gestión económica. El papel del conocimiento en las cadenas de valor, las áreas prioritarias, las metas financieras u otros componentes de una política pública de CTI brillan por su ausencia. Toda inversión en CTI es un gasto que debe ser disecado al detalle en búsqueda de la máxima e inmediata eficiencia financiera. Los indicadores de otro tipo o los análisis prospectivos no cuentan. Y si esa actitud genera algo de ruido ciudadano, la máquina de humo se reactiva y dispara sus bocanadas de humo tratando de taparnos el sol.

Publicación original: 12/03/2021